EDICIÓN N° 5 / AGOSTO 2006
 
 
Ponemos la metodología, experiencia y planteamientos de clase mundial
del Dr. Roger Schank, fundador de Socratic Arts, a disposición de las
organizaciones latinoamericanas.
 

ROI NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS (1)
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente División Gestión del Conocimiento de Catenaria
jmartinez@catenaria.cl

 

“Si no lo puedes medir, no lo puedes gestionar”
Peter Drucker

Es bastante habitual que los responsables de Recursos Humanos de las empresas se dirijan a sus proveedores de formación para preguntarles si les pueden diseñar cursos virtuales de las más variadas temáticas a partir de una serie de contenidos que ya tienen recopilados y que suelen enviar por mail. Por supuesto, necesitan además, de manera urgente, recibir un presupuesto.

Esta petición suele encerrar un peligro evidente ya que los clientes están hablando de la solución (el curso) pero no del problema. La formación se hace cuando hay cosas que no funcionan, problemas de desempeño en las personas y oportunidades de mejora y desde luego exige saber de antemano qué resultados espero obtener. ¿Cómo identificar un problema de desempeño tan solo ojeando un powerpoint? ¿Cómo saber qué es lo que las personas no saben hacer o hacen deficientemente? ¿Cómo presupuestar algo sin poder dimensionarlo, sin saber las causas ni tampoco el impacto económico que le causa a mi cliente? Tomar el número de diapositivas o de páginas como patrón de medida es igual que presupuestar los cursos presenciales sumando los kilos de todos los asistentes. En la mayoría de los casos, el dueño del problema no es Recursos Humanos sino Comercial, Operaciones o cualquier otra área de la empresa directamente relacionada con el negocio y su objetivo no necesariamente pasa por suministrar contenidos a su gente. Mucho del desencanto generado por los proyectos de e-learning (y de la formación en general) radica en su incapacidad para comenzar la evaluación antes de proponer la solución y no después. Si no está claro el problema que se quiere resolver con la formación ni tampoco se determinan los resultados que se espera obtener ¿cómo demuestro que mi solución aporta valor?

Virtualizar contenidos no tiene mucho merito ni demasiada utilidad si lo que buscamos es cambiar comportamientos y lograr que las personas hagan cosas que hoy en día no son capaces de hacer. La inercia de ofrecer el catálogo de cursos e-learning o empezar a construir inmediatamente un curso a partir de los contenidos del cliente es demasiado tentadora.

En tiempos donde toda inversión debe estar milimétricamente justificada, resulta frustrante, para cualquier directivo, tratar de determinar cuanto beneficia la formación a los resultados de la organización. Por una parte, los resultados de la formación están en la cabeza de los empleados y por tanto son difíciles de cuantificar. Por otro lado, sus beneficios no se producen a corto plazo y además nunca le son directamente atribuibles sino que intervienen otros muchos factores. Estos mismos directivos nos recuerdan diariamente que NO están en el negocio de hacer empleados más inteligentes.

Los objetivos de la formación distan mucho de ser claros y medibles ya que nunca se definen partiendo de indicadores de medida del negocio. La formación presencial, al igual que el e-learning, se preocupa sobré los contenidos que deben aprender los alumnos. Los parámetros habituales como número de horas, numero de personas que pasaron por los cursos, número de cursos que se hicieron en un año, grado de satisfacción, etc. no aportan absolutamente nada al negocio y son inservibles. Con esta información tan pobre, ¿cómo evaluamos la inversión en formación precisamente ahora que todos los vientos soplan a favor del desarrollo de las personas y el conocimiento?

El gran error es pensar que el conocimiento se puede medir numéricamente cuando lo que realmente se puede medir son los resultados de su aplicación. No merece la pena hacer esfuerzos por medir los aprendizajes sino por medir el resultado del proceso: El desempeño. ¿Es mejor jugador Eto´o que Ronaldo? ¿Tiene más conocimiento, sabe más? Es difícil ponerse de acuerdo y lo cierto es que no importa mucho pero los resultados dicen que este año el desempeño de Eto´o, ganando la Liga española y la Champions es bastante superior al de Ronaldo y eso es lo que cuenta.

¿Cómo agrega valor al negocio la formación? Es indiscutible que el fin de la formación es mejorar los resultados de la empresa a través de la mejora del desempeño de los individuos. Indudablemente, los objetivos de la formación deberían derivar directamente de los objetivos estratégicos de la empresa.

Sin formación, los empleados cometen errores que causan pobres resultados de negocio lo que conduce irremediablemente perder productividad y competitividad. La buena formación se diseña precisamente para que dejen de cometerlos. Para ello es fundamental identificar aquellos errores críticos que tiene el mayor impacto en los resultados que quieres mejorar y eliminarlos. Pero, ¿Ocurre realmente así? Muy pocas veces la detección de necesidades de formación comienza con el Análisis de Errores Críticos. La mayor parte de las ocasiones el origen es la encuesta anual a los empleados donde estos solicitan Excel Avanzado o seleccionan contenidos de los catálogos ofrecidos por los proveedores. Si no tenemos indicadores/brecha de lo que el empleado es capaz de hacer hoy y lo qué debería realmente hacer, difícilmente vamos a estar ofreciendo la solución que ayude a resolver el problema.

El primer paso ineludible consiste en identificar problemas de negocio relacionados con el desempeño y comportamiento y los beneficios económicos de eliminar esos errores.

Piensen en cualquiera de los cursos que su empresa está ofreciendo a los empleados y traten de responder estas preguntas:

  • ¿Qué problema queremos resolver y qué problema estamos resolviendo realmente?
  • ¿Cuanto aporta este curso a los resultados del negocio?
  • ¿Cuánto se parece al trabajo para el que les va a preparar?
  • ¿Qué será capaz de hacer mejor el alumno cuando termine el curso?

Resulta obvio deducir que sin tener una idea clara sobre el rendimiento de lo que una empresa gasta en formación, parece imposible decidir cómo escoger lo que se compra y su calidad o determinar qué approach es más efectivo.

 
 
HOME SCHOOLING AND CORPORATE TRAINING
Roger Schank, CEO Socratic Arts
roger@socraticarts.com
 

I have never been a big fan of home schooling. I am not against it - I am just not much for it. This seems odd to the home schooling set. I am seriously anti-school so when home school parents read what I write they appreciate it and then wonder why I didn't say something nice about home school as an alternative to school.

Yes, I know. This is supposed to be a column about corporate training issues. It is. Stay with me.

Home school parents believe that school is an unpleasant place for a child to hang out. They believe this because they don't like how their children are treated by the teachers, by the other kids, and by the system in general. For the most part they are justified in their concerns. School can be quite an unpleasant experience for many children. Even those who enjoy school, and they are in the minority I think, tend to enjoy it because they have learned to play the game and win. They have learned how to please teachers, how to get good grades, and how to get the other kids to see them as admirable in some way. Enjoying school tends to be associated with winning. The winners usually like school. (Although I did once hear a valedictory address at Columbia University where the valedictorian said she hated what she had to do to win and would never do anything like that again - but that's another story.)

Home school parents are not into all this and rightly so. But their solution is funny because they have misidentified the root of the problem. School is the way it is not because teachers are mean, or other kids are annoying. School is so bad because the curriculum is mind-numbing. Of course you have to compete about grades. There is no other way of knowing you did well. Algebra, the Smoot-Hawley tariff and the Ancient Mariner do not come up in real life. They only come up on tests. So test scores have to be the currency of a world in which what is taught simply doesn't matter in any other way.

You would expect that home school parents would reject the school curriculum and teach things that interest their kids and are exciting to learn - things that will be of use in their lives. Instead we find home school kids winning national spelling bees. What a waste of time. They ought to be playing a different game, not trying to win the game they have rejected. Home school parents need to ask hard questions about what is worth learning. They simply cannot accept that what is taught in school is what ought to be taught. The current school curriculum was designed in 1892 for a whole different set of people and purposes and is completely irrelevant for today.

Which brings me to corporate training.

The fix for education starts with asking some hard questions:

What is worth learning?

This is a terrible question because inevitably someone says that algebra is good for the mind and literature is good for the soul and by the way isn't Latin the root of English? In a jiffy you have the same old curriculum again.

Curriculum redesign, which needs to be at the heart of any effort to reform the schools as well any effort to think about corporate training, starts with a different question:

What is it that people are having trouble doing?

No one is having trouble (in real life) doing algebra or literary analysis because no one does that outside of school.

Similarly, orientation and policy courses or courses in how to use software packages or new managers schools are all based on the school-based notion that what is known ought to be taught. The real question is what is screwed up in these areas? Are people having trouble become oriented? What are they failing at? How do we make sure that they don't fail at it? One can be sure that telling them not to fail or the correct way to succeed will have no effect at all.

Identifying what the real problems are, what people don't do well at and why that failure is causing trouble, is the beginning and end of all curriculum design, for employees or for kids.

Corporate curricula are usually archaic and useless for the same reason that school curricula are that way. It has been a long time since people took a long hard look at them and asked some hard questions. If you don't do this in your company you will be holding corporate spelling bees soon enough.

 
 
 

Catenaria - Gestión del Conocimiento
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