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Ponemos la metodología, experiencia
y planteamientos de clase mundial
del Dr. Roger Schank, fundador de Socratic Arts, a disposición
de las
organizaciones latinoamericanas. |
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ALTOS VUELOS
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
jmartinez@catenaria.cl
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Últimamente me ha tocado volar bastante a diferentes
destinos como Perú, Colombia, Argentina, o los lagos
del sur de Chile. Incluso una Minera me invitó a hablar
de Innovación y Aprendizaje durante la ceremonia de
entrega de unos premios de innovación a la que arribamos
literalmente volando entre medio de la cordillera de Los Andes
en un avión privado para 20 personas. En cada uno de
los viajes he sido cliente de una compañía aérea
diferente y sin dudarlo la mejor experiencia fue con la compañía
más pequeña. ¿Será que
el tamaño no importa? Tras tantos kilómetros
recorridos por el aire, he podido constatar 2 realidades:
1. Las empresas no se toman en serio la formación
y las aerolíneas en particular menos porque de otra
manera no harían lo que hacen como comprobarán
en las historias que les voy a contar. Imagino que una de
las explicaciones proviene de las grandes dificultades que
encuentran las Áreas de Capacitación para construir
indicadores que demuestren el impacto de sus iniciativas en
los resultados que son relevantes para el negocio.
Desde el punto de vista de los pasajeros, esta frivolidad
resulta evidente si nos fijamos por ejemplo en cómo
nos "educan" en temas de seguridad cuando estamos
esperando pacientemente el despegue de la aeronave. La azafata/o
repite mecánicamente un ritual que dura varios minutos
y consiste en explicarnos cuáles son las salidas de
emergencia, cómo funciona la mascará de oxígeno,
etc. mientras prácticamente nadie presta atención
(las compañías más modernas han sustituido
esas inútiles sesiones por videos igual de inservibles).
Aunque hayamos escuchado las mismas instrucciones decenas
de veces ¿Alguien cree realmente que si nos hiciesen
un examen acerca de esas "materias" seríamos
capaces de aprobarlo? Debiese preocuparnos, es un asunto de
vida o muerte. ¿Por qué deciden hacerlo así?
La razón debe ser que confían en las escasas
posibilidades estadísticas de que ocurra un accidente
o en que si ocurre, por mucho que nos adiestren, lo más
probable es que nadie pueda escapar vivo. Si realmente les
preocupase cerciorarse de que aprendemos cómo usar
la mascará de oxigeno o cómo usar la salida
de emergencia y deslizarnos por el tobogán inflable,
simularían diversas situaciones de accidente y nos
obligarían a usar dichos accesorios repetidamente hasta
verificar que somos capaces. Es lo que hacen en todos los
países cuando te enseñan a conducir un coche.
Elemental.
En mi caso, como mido 1.90m, cada vez que llego al mostrador
en el aeropuerto y hago el check in, solicito un asiento de
salida de emergencia. Mi suerte suele ser desigual, a veces
me lo dan y otras no. Se supone que para acceder a dicho asiento,
las personas deben reunir una serie de características
que vienen resumidas en una tarjeta que es idéntica
para todas las líneas y aviones. Mi experiencia me
dice que una vez en el avión y cuando me acomodo en
mi sitio, a veces el personal de la compañía
me pide que por favor lea esa tarjeta especial para quienes
ocupan dichos asientos y otras veces no. Lo curioso es que
cuando leo la tarjeta dice cosas como:
USTED ES UN PASAJERO DE VITAL IMPORTANCIA EN ESTE VUELO,
LE HA SIDO ASIGNADO UN ASIENTO EN UNA SALIDA DE EMERGENCIA.
Usted debe:
- Ser capaz de utilizar ambas manos y pies. Tener equilibrio
y fuerza para operar las salidas de emergencia
- No tener enfermedades o lesiones que le impidan actuar
rápidamente
- No tener algún impedimento auditivo o visual que
impida cumplir ordenes
- Leer bien para comprender la información aquí
contenida
- Hablar correctamente para transmitir a otros pasajeros
la información pertinente
- Ser capaz de ayudar a otras personas a evacuar por las
Salidas de Emergencia
- Si hay una orden visible o audible de evacuación
y cuando el avión esté detenido completamente:
1. Mire hacia fuera para detectar humo, fuego o daños,
si los hay NO ABRA LA PUERTA O LA VENTANILLA
Y una cuantas joyas más de idéntico calibre.
Las preguntas que nunca me he podido responder son ¿Por
qué unas veces me piden que lea la tarjeta de seguridad
y otras no? Cuando que me piden que la lea, ¿Cómo
verifican que no tengo enfermedades, impedimentos, entiendo
lo que leo, soy capaz de ayudar a otros a evacuar o seré
el primero en salir corriendo o cómo seré capaz
de discernir si el avión tiene daños y por tanto
si debo o no abrir la puerta? Sin duda, se trata realmente
una broma aunque, de nuevo insisto, no olvidemos que es la
vida la que está en juego.
2. Las empresas siguen sin entender a sus clientes
y lo que es peor aun, sin intención alguna de tratarlos
bien. Mientras están obsesionadas en vendernos productos
no se dan cuenta que las personas no compramos productos (coches,
vacaciones, casas o seguros) sino que compramos servicios
(autonomía para viajar, descanso/nuevas experiencias,
un hogar donde crear una familia o tranquilidad para el futuro).
Los clientes no solo necesitamos adquirir un servicio con
todos sus detalles y saber cómo utilizarlo sino lo
que es más importante, contar con la garantía
de que seremos atendidos cuando estemos disfrutando de ese
servicio y tengamos problemas. Durante varios años,
fui fiel a mi proveedor de TV, Teléfono e Internet
y me gasté mucho dinero con ellos. Mi costumbre era
pagar la cuenta a través de la web del proveedor pero
en cierta ocasión, me fue imposible dado que tenían
problemas con los servidores. La mañana siguiente salí
de viaje por 3 ó 4 días y olvidé volver
a intentar realizar el pago. El día anterior a mi regreso
mi mujer me avisó que nos habían cortado el
servicio sin previo aviso dejándonos sin teléfono
y afectando entre otras cosas la alarma de la casa donde viven
2 niños pequeños. Por si fuese poco, no exigían
realizar un pago extra para que nos reconectasen los servicios.
Por supuesto, cuando llamé para que me explicasen cómo
era posible que después de 4 años de pago puntual
fueron capaces de tomar una medida tan estúpida, me
encontré discutiendo con un empleado intransigente
que hablaba de reglas, procedimientos y de la política
de la empresa. Mi última frase fue "¿Están
dispuestos a renunciar a un cliente por insistir en cobrarme
la reconexión que es una décima parte de la
factura mensual?" Al día siguiente me cambié
de proveedor y aunque les parezca increíble, durante
las 2 siguientes semanas me llamaron hasta 8 personas distintas
para preguntarme por qué me daba de baja de su servicio.
Por un momento pensé que se trataba de una cámara
oculta porque cuando tuve problemas y realmente necesité
ayuda de esas 8 personas, la empresa desapareció y
se parapetó detrás de un call center cuyo logro
fue perder un cliente. Todos los encantos que despliegan las
empresas para seducirte y venderte automáticamente
se esfuman cuando tienes un problema y realmente los necesitas.
Lo peor de todo es que la culpa no es del personaje que me
atendió sino de las empresas que arrojan a la gente
a situaciones para las que no han sido bien entrenados con
la esperanza de que sepan manejarlas. El verdadero drama es
que las empresas se llenan la boca de términos como
"servicio al cliente" ó "el cliente
es el rey" pero a la hora de la verdad, colocan a personas
deficientemente preparadas para lidiar con situaciones muy
complejas donde un error se paga muy caro: la perdida de un
cliente que tanto cuesta ganar. Da la sensación que
tanto directivos como responsables de formación asumen
que las personas son estúpidas y no sabrán como
manejar esos momentos de la verdad donde representan a la
empresa. En lugar de diseñar buenos programas de formación
donde recrear y permitirles vivir y equivocarse en la amplitud
de experiencias que enfrentará un empleado (y que no
tienen necesariamente una respuesta correctas), les obligan
a aprenderse de memoria absurdos manuales de procedimientos
que ni entienden, ni son capaces de recordar y que cuando
lo hacen, solo consiguen indignar a los clientes que tienen
la sensación de que hablan con un robot y por tanto,
les están tomando el pelo.
Mi compañero de columna, Marcelo, me relataba una historia
exactamente igual que vivió hace escasos días
con una línea aérea donde sólo consiguió
resolver su problema por 2 caminos: Primero no dando nunca
su brazo a torcer y Segundo, logrando sortear todos los interlocutores
"sordos" que le salieron al paso hasta que logró
dar con un supervisor capaz de valorar adecuadamente la situación
y tomar una decisión sensata. Me sorprende cómo
en esta era donde los servicios y productos apenas se distinguen
unos de otros, las empresas todavía no se dan cuenta
que la diferencia está en el servicio que prestan las
personas que se relacionan con los clientes (generalmente
las peor pagadas de la organización) cuando estos tienen
problemas. Un elemento clave para que dichas personas hagan
un trabajo excelente es que estén excelentemente entrenadas,
algo que rara vez ocurre y que todos sufrimos a diario.
La última historia que les contaré tiene que
ver precisamente con la forma en que las líneas aéreas
entrenan a su personal: Asumen que basta con que las personas
aprendan contenidos (powerpoints o manuales) para que sepan
hacer su trabajo. La fórmula no es tan simple.
Una mañana, cuando estaba consultando el correo, observé
que uno de los mails provenía del responsable de Capacitación
de una línea aérea y tenía el siguiente
título:
Entrenamiento de pilotos en condiciones climatológicas
adversas
Al abrirlo, éste fue el texto que pude leer:
"Estimado, ayer mantuve una
reunión de urgencia con el Gerente de Operaciones.
Está preocupado acerca de un aspecto crítico
relacionado con el desempeño de nuestros pilotos: La
operación de las aeronaves en situaciones de frío
extremo.
No solo la legislación es muy estricta sino que el
riesgo que corren nuestros indicadores de seguridad aérea
así como el coste económico y de imagen que
supondría un accidente hacen que este tema sea de vital
importancia.
Por esta razón me ha solicitado un plan de entrenamiento
con objeto de mejorar el rendimiento de nuestros pilotos y
prevenir posibles errores. Los pilotos son un grupo fundamental
para nosotros, son el personal mas costoso y especializado,
están dispersos y disponen de poco tiempo aunque valoran
mucho la formación, tienen acceso a tecnología
que manejan muy bien y disponen de un alto nivel de educación.
Te adjunto los contenidos del curso que impartimos presencialmente
para que nos hagas llegar una propuesta de curso virtual."
Después de leer el mail y revisar los 3 archivos powerpoint
adjuntos, reunimos al equipo para debatir sobre cómo
enfocar la petición y consensuar qué arquitectura
de aprendizaje sería la más idónea para
resolver el problema.
La primera conclusión a la que llegamos es siempre
la misma: Para un diseñar un curso, NO hacen falta
contenidos, sino expertos y las empresas los tienen al interior,
de hecho una empresa no se entiende sin sus expertos. Su importancia
es tal que al igual que pasaba con las tribus antiguas, la
supervivencia de una organización depende del conocimiento
que transfieren los que saben y la capacidad de aprender de
los que se incorporan a la misma. Virtualizar powerpoints,
hacer que los memoricen y respondan un test de respuesta múltiple
NO es la mejor manera de alcanzar el objetivo que la empresa
persigue. Ningún comportamiento cambiará.
La segunda conclusión es que para decidir el
enfoque, lo primero que hay que hacer es identificar qué
deben aprender a HACER los pilotos. Y hablamos de HACER y
NO de saber.
Para eso es imprescindible conocer el proceso, flujo de actividades
y decisiones que un piloto debe poner en marcha cuando se
encuentra en una situación de frío extremo.
La tercera conclusión es muy obvia: Resulta
imprescindible celebrar reuniones con los pilotos con más
experiencia en navegación en aeropuertos y condiciones
de frío intenso. Mediante dicho trabajo, hay que reconstruir
qué tipo de situaciones enfrentan, qué tipo
de decisiones deben tomar, qué errores se suelen cometer
y qué estrategias funcionan, etc.
Si después de este breve análisis, no te puedes
responder adecuadamente el POR QUÉ necesitas un curso,
entonces es que realmente NO lo necesitas.
Llamé al responsable de formación para comentarle
que entendíamos que lo que necesitaban era desarrollar
en los pilotos habilidades para valorar adecuadamente determinado
tipo de situaciones y tomar las decisiones correctas sobre
si despegar o no y las acciones idóneas de manera que
no pusieran en riesgo la vida de las personas ni los bienes
de la empresa. Para ello, el punto clave era reconstruir las
principales situaciones que suelen enfrentar los pilotos,
los flujos de tareas y decisiones que deben llevar a cabo,
las habilidades necesarias y la información y el contexto
en que se encuentran. Lo que ocurre es que esto no está
escrito en ningún manual y los ppts no dicen nada respecto
de qué deben saber hacer los pilotos. Por eso resultaba
crucial trabajar con sus expertos para reconstruir los escenarios
e historias más frecuentes, más complejas, más
peligrosas, las que peores consecuencias puedan tener para
hacerlos aparecer en la formación. La idea era que
el curso se pareciese lo máximo posible a la realidad
que luego encontrarán (simulador) y el plan por tanto
consistía en situar al alumno al frente de una aeronave
en diferentes aeropuertos, enfrentarlos a desafíos
que resolver y no a contenidos que memorizar.
Por último, los pilotos disponen de conocimiento crítico
para la empresa para prevenir errores, compartir buenas prácticas
y transferir lecciones aprendidas de lo que hay y lo que no
hay que hacer. Pero ese conocimiento sólo resulta "rentable"
si se empieza a intercambiar y a compartir, algo que no va
a ocurrir espontáneamente y para lo que las empresas
apenas tienen estrategias definidas.
La capacitacion es siempre una foto que caduca continuamente.
Es como un pez que se muerde la cola por que la capacitacion
que haces hoy responde a las necesidades del negocio hoy pero
mañana, cambia el negocio y cambian los procesos que
son dinámicos e incluso cambian también las
personas (cuando cambian de puesto en la empresa, el conocimiento
sigue dentro pero en lugar no adecuado) y por tanto necesitas
ajustar y realinear constantemente. Como comentaba al inicio,
si la capacitación no se hace desde los procesos, no
puedes construir indicadores que respondan a dichos procesos
y por tanto o no los puedes medir o mides cosas irrelevantes.
Si una empresa quiere que sus miembros rindan al máximo,
necesita entrenarlos continuamente igual que hace cada día
un club de fútbol o de basket con sus jugadores (que
a fin de cuentas son sus vendedores). Y si se fijan, los entrenamientos
se parecen enormemente a los partidos. Siempre podría
pensarse, ¿Para qué entrenan cada día
si ya saben jugar? Obviamente para mejorar.
Feliz año a todos y feliz aprendizaje.
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LA INCERTIDUMBRE SE SURFEA CON INNOVACIÓN
Marcelo Lasagna, Gerente Sector
Público de Catenaria
mlasagna@catenaria.cl
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¿Qué duda cabe que vivimos en un mundo más
complejo?. Y que la incertidumbre es uno de sus atributos
más característicos. La capacidad de mantener
los equilibrios y de predecir lo que va a ocurrir no es posible
obtenerla con las técnicas tradicionales. Nada es seguro
para las personas y las organizaciones. Estamos lejos de desarrollar
tecnologías que nos permitan iluminar y "amarrar"
el porvenir. Por tanto, deberíamos centrar nuestros
esfuerzos en desarrollar aquellas capacidades en las personas
para manejar la incertidumbre, para co-habitar de la mejor
manera posible con ella. Para aprovechar el movimiento y convertirlo
en oportunidad y minimizar, en consecuencia, la percepción
de amenaza que tras de si traen los procesos de adaptación.
Ello requiere de temple y firmeza, así como de ductibilidad
y flexibilidad. Hace algunas noches leía admirado,
como siempre, incluso releyéndole, a Octavio Paz en
El Arco y la Lira. La reflexión que dedica al rimo
es de una brillantez y lucidez extraordinarias. La que perfectamente
podemos trasladar a las organizaciones humanas insertar en
un contexto en permanente movimiento. Paz señala que
todo quehacer humano y de la naturaleza responde a un ritmo,
a un movimiento arquetípico desde el cual cada cultura
hace su propia traslación a su entorno. "el ritmo
es sentido y un ir hacia algo, el que sólo podrá
ser elucidado si, al mismo tiempo, se elucida qué somos
nosotros". Qué verdad!!, no?. Una de las condiciones
para manejar la incertidumbre es repensar constantemente la
identidad de lo que son las organizaciones: qué somos,
qué valor aportamos, qué queremos ser.
De poco sirve que nos quedemos en la comodidad de una estabilidad
engañadora. Pues, como dice Margaret Wheatley, ello
sólo conduciría al caos. Es de sentido común
que la gente no esté tan dispuesta a renunciar a sus
certezas, pues ella es la que nos permite mirar e interpretar
el mundo. Sin embargo, si estamos insertos en un mundo cambiante
de poco sirve mantener los reales puestos en las certezas,
dado que ellas nos hacen mirar las cosas de una manera en
que ya no son.
Las empresas están poco preparadas para enfrentar
el cambio permanente. Leía en la prensa española
el gran cambio que se ha producido en las demandas del sector
moda. Tradicionalmente habían dos grandes temporadas.
Otoño-Invierno y Primavera-Verano. Pues ahora la gente
quiere cosas nuevas cada vez que va de compras. Y eso es lo
que exige. Ello supone una transformación radical en
la forma de organizarse y en las competencias de quienes trabajan
en la venta. Zara, por ejemplo, envía prendas nuevas
a sus tiendas dos veces por semana.
Sin ánimo de ofrecer soluciones quiero compartirles
algunas ideas de cómo superar la incertidumbre o, quizás
más modestamente, cómo convivir con ella. Sin
lugar a dudas su presencia le incomoda a muchos. La mayoría
busca la sombra de la comodidad en aquello que sabemos y conocemos.
Sin embargo, si queremos sobrevivir en un mundo cambiante
y complejo, el mantenernos en los ámbitos conocidos,
respondiendo con las mismas ideas y herramientas a nuevos
problemas, sólo nos garantizara el fracaso, la ruptura
con la realidad. Lo nuevo nos provoca confusión e incomodidad.
Para abordar la incertidumbre deberíamos aliarnos con
la confusión. Recordemos, tal como nos deja las enseñanzas
de la mitología griega a través del mito de
Dionisos, el cambio se produce en el caos, en la confusión.
Por tanto, aprovechémonos de él para darle dirección
y sentido al cambio, para establecer un nuevo punto de equilibro.
Margaret Wheatley, presidenta del Instituto Berkana, nos
deja unas reflexiones muy interesantes, que comparto más
abajo, acerca de cómo superar la Incertidumbre a través
de la acción de escuchar al otro y de aprovechar la
confusión para que brote la creatividad. Wheatley señala,
en primer lugar, que hay que tener un espíritu de la
curiosidad, especialmente cuando nuestro repertorio de respuestas
ya no funciona ante los nuevos problemas. Esto lleva a que
deberíamos desarrollar la capacidad de escuchar a otros
en forma activa. Escuchar lo diferente nos sorprende y nos
ayuda a abrirnos a otras fronteras. Por otro lado, es en la
confusión habita lo nuevo. De manera que debemos exprimirla
y aprovecharnos de ella. No eludiarla ni taparla, sino trabajarla
y aprender de lo que en ella hay para hacer florecer un nuevo
conjunto de respuestas.
Lo dicho hasta aquí, al fin y al cabo, nos viene a
decir que la mejor manera de enfrentar la incertidumbre es
a través de la innovación permanente. Para lo
cual se requiere crear en las empresas un sistema de innovación
que permita observar lo que ocurre en el entorno, las tendencias,
los cambios en las personas, y un análisis continuo
a nivel organizacional para mejorar las propias competencias.
Ello supone fomentar dentro de la empresa los espacios creativos
que hacen brotar el nuevo conocimiento organizacional. Un
buen sistema de gestión de la innovación debería
estar sustentado en la actividad, en la relación y
con el conocimiento. De ello se desprende que las áreas
determinantes de la innovación son los procesos, la
tecnología y las personas.
Náufrago fui, antes que navegante, reza el bello aforismo
de Séneca. La vida es una constante tensión
entre navegar, encontrar el rumbo, y naufragio, perder el
horizonte. En el mundo de hoy el ritmo de esta tensión
se ha acelerado considerablemente, por lo que la única
manera de no zozobrar definitivamente es poniendo en marcha
nuestras capacidades para la innovación y creatividad.
Las empresas que no lo hagan o se resistan a hacerlo, pagarán
caro su falta de flexibilidad y liderazgo.
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Recently ads have been running in prestigious newspapers
asking: "If computers in the schools are the answer,
are we asking the right question?" It is a call to parents
to take action against the tremendous expenditures being made
to get computers into the schools. The ad brings up the issue
of whether computers are really all that valuable in schools
and suggests that they may even be harmful.
This is an important issue and it matters that people understand
it properly. The organizations that sponsored this ad are
probably well meaning enough. The recent findings they cite
to support their arguments against using computers in the
schools are accurate and right headed. Nevertheless, the message
is dead wrong and its writers need to understand why.
Computers are being used in the schools in the wrong way.
They are being put in the schools at tremendous expense because
educators and politicians see computers as a way of improving
education without really knowing why.
Access to the Web is often cited as being very important
to education, for example, but is it? The problem in the schools
is not that the libraries are insufficient. The Web is, at
its best, an improvement on information access. It provides
a better library for kids, but the library wasn't what was
broken.
Computer programs that teach math are often cited as being
improvements in education. But the ad cites studies that say
these programs are of no proven value, that they really don't
improve a student's performance in math. Are they right? Probably.
But again, the problem is that they have misunderstood the
issue.
Computers will save our schools -- eventually. But they will
definitely not save our schools by raising math scores. Saying
that computers don't raise math scores as a way of criticizing
computers is like saying that computers don't make the food
in the school cafeteria taste better. No, they don't, but
should they?
What is the alternative to computers in the schools? The
everyday wisdom has good old teachers motivating students
to care about math through the human touch. Nothing could
be further from the truth. We are living in insane times in
education. On the same day this ad appeared in the New York
Times there was an article about a school principal who was
caught manipulating the system to make his students' test
scores better. The only unusual part of this story is that
he was caught. The test score mania that has gripped our nation
has forced even the most well meaning teachers to care only
about test scores and has made children fodder in a test score
machine. It makes no difference if computers try to raise
test scores or if teachers do. The problem is the tests themselves.
The problem is the curriculum.
Why are children learning algebra or trigonometry? The fact
is that no one really can say why. (Oh, there are defenses
like "math teaches reasoning" of course. But does
it? Are mathematicians the best everyday reasoners in our
society?) Math has just always been there. So while the writers
of this ad complain that computers won't improve happiness
or wisdom, neither will the current curriculum. Don't blame
the delivery vehicle, blame the content.
Nearly all the subjects we teach in school today are taught
because a committee of university presidents in 1892, chaired
by the President of Harvard decided that if everyone took
these subjects the job of the colleges would be made easier.
Times have changed. Very few students are actually preparing
for Harvard. Even Harvard has changed. We must stop teaching
the subjects that helped students function at Harvard in 1892.
We must start teaching more human subjects--how to get along
with fellow students, how to deal with stress, how to make
life decisions, how to run a business, how to deal with health
issues, how to make an intelligent decision as a voter about
whether to bomb a country in Central Europe.
Computers can help in two ways. First they can bring the
world's experts into the classroom in software that allows
exploration, simulated experience, learning-by-doing and hypothesis
testing. Software can be built that makes children want to
learn because it is so much fun. This is not the software
we have now. What is there is boring drill and practice software
that numbs the mind.
The second way computers can help is by starting the process
of curricular change. We cannot change how mathematics is
taught, biology will always be the same, foreign language
instruction is unmovable. There are too many vested interests
to allow us as a nation to suddenly notice that geometry is
a waste of time or that studying health and nutrition might
be more useful than studying phylla.
New software that changes both what is taught and how it
is taught is our only hope for change. We must get rid of
competency testing all together and replace it with performance
testing. Children should be taught to do things that they
might sometime do in the real world. Computers will be the
vehicle by which this change occurs. They will also enable
teachers to go back to teaching more human subjects. Please
don't throw out the baby with the bath water.
It will take some years for this software to be built. Be
patient. If ads like this don't destroy the effort, good software
will come. What should we do in the meantime? You really can't
fix the schools until politicians understand the problem.
Neither presidential candidate has a clue about education.
So, in the meantime, parents must take their children's education
into their own hands.
My book (Coloring Outside the Lines: Raising a Smarter Kid
by Breaking All the Rules) gives some suggestions on how to
do this.
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Catenaria - Gestión del
Conocimiento
Agustinas, 1350 / Teléfono 56 - 2 - 2905404 / Mail: jmartinez@catenaria.cl
/ Santiago, Chile
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