| |
|
|
 |
| |
Ponemos la metodología, experiencia
y planteamientos de clase mundial
del Dr. Roger Schank, fundador de Socratic Arts, a disposición
de las
organizaciones latinoamericanas. |
 |
 |
| |
 |
HOY SABES MÁS QUE AYER PERO MENOS QUE MAÑANA
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
jmartinez@catenaria.cl
|
|
| |
|
Érase una vez una paloma que vivía en un paraíso
donde siempre era verano y donde reinaba la abundancia de
comida, bebida y compañía. Aunque el hábitat
era envidiable para el resto de sus congéneres, el
calor provocaba muchos trastornos de sueño a la paloma
y los opíparos banquetes le estaban haciendo ganar
peso a tal punto que ponía en riesgo su capacidad de
vuelo. Recientemente su hermana (su único pariente
vivo) había fallecido bajo los perdigones de una escopeta
manejada por un grupo de niños ociosos que se entretenían
disparando a todo bicho viviente. Reflexionando llegó
a la conclusión que ya nada le ataba con aquel idílico
paraje y decidió que había llegado el momento
de emigrar en busca de otras tierras: Había oído
hablar maravillas de una zona fría y tranquila, de
mullidos árboles y cielo cristalino en el extremo sur
del continente llamada Polo así que optó por
emigrar. Cómo no sabía qué debía
hacer para enfrentar tamaña aventura, se dirigió
a pedir consejo al Búho que oficiaba como sabio del
paraíso. Aunque la conversación con el búho
estuvo constantemente salpicada de interrupciones, bien llamadas
telefónicas, bien mensajes en el Messenger, consiguió
finalmente captar su atención durante 5 minutos y explicarle
el motivo de su visita. Después de permanecer en silencio
un largo rato (durante el cuál contestó algunos
correos electrónicos sin levantar su vista del teclado)
el búho se llevó su ala derecha al pico para
tapar un tímido bostezo y exclamó: "Tengo
una solución para tu problema pero no te va a salir
nada barato ya que tendré que emplear tecnología
punta y a mis mejores expertos. Te voy a cobrar 1 tarro de
lombrices por este trabajo tan especial". La
paloma casi se desmayó al escuchar el precio y haciendo
gala de su mejor sangre fría exclamo con un hilo de
voz "¡¡Pero eso es un precio desorbitado,
tardaré meses en acumular una fortuna como esa, la
temporada de lombrices ya pasó y conseguirlas ahora
es casi un milagro!!". El búho regresó
sus ojos impasibles a la pantalla de plasma y zanjó
la conversación "Lo que pides es un servicio
muy especializado y sofisticado, también casi un milagro
y mi precio es el que te he dicho, lo tomas o lo dejas".
La paloma abandonó descorazonada el despacho del búho
pero lejos de rendirse, decidió darse un plazo y probar
fortuna en la búsqueda de lombrices.
4 meses después, la paloma se presentó de nuevo
en la oficina del búho y observó que este había
efectuado algunas mejoras ostensibles, fruto posiblemente
de la bonanza de sus negocios. "Aquí te
traigo el bote de lombrices que me solicitaste como pago por
tus servicios" le espetó la paloma sin
ni siquiera perder el tiempo en los saludos protocolarios.
El búho lo examinó con detenimiento, escudriñando
con detalle su contenido y solo pronunció una frase
"Regresa dentro de 1 semana y tendré la
solución para tu deseo de emigrar al polo".
La semana transcurrió con extrema lentitud para la
paloma que no dejaba de soñar sobre su nuevo destino
y de hacer planes sobre qué tipo de vivienda construir,
donde ubicarla y por supuesto, qué tipo de círculos
sociales frecuentar. Cuando se cumplió el plazo indicado,
la paloma llegó impaciente a conocer la forma en que
el búho había resuelto su problema migratorio.
El búho la recibió con su mejor atuendo, le
ofreció un cuenco con alpiste integral y acto seguido
le confirmó "Tengo la solución para
tu problema. Por si acaso no lo sabes, el lugar al que deseas
partir es un lugar extremadamente frío, rodeado de
mar por todas partes y donde el pescado es prácticamente
el único alimento, razón por la cual la mejor
alternativa es transformarte en un pingüino".
La paloma sonrió entre sorprendida y satisfecha "Qué
gran idea, cómo no se me habrá ocurrido a mi,
realmente este búho es caro pero vale lo que cuesta".
El búho continuó explicando los beneficios que
hacían del pingüino la mejor elección posible
"Los pingüinos tienen una sustancia en la sangre
que impide que se congelen sin importar el frío que
haga. Tienen también una forma aerodinámica,
membranas en los pies y unas plumas especiales que los convierten
en uno de los mejores nadadores que existen, su pico está
especialmente diseñado para poder diseccionar un pescado
con precisión y comerlo sin temor a clavarse las espinas".
Un rato mas continuó el búho ensalzando las
bondades de los pingüinos y cuando hubo terminado, la
paloma no tenía duda alguna que una vez transformada
en pingüino, su futuro era bien halagüeño
y claramente la mejor decisión que habría tomado
en su vida. Se despidieron de un fuerte apretón de
manos y la paloma bajó silbando alegremente las escaleras
del edificio de oficinas. No alcanzó a descender un
piso cuando de pronto, una pregunta vital cruzó su
mente como un relámpago. Regresó volando al
despacho del búho y le preguntó "Búho,
hay una cosa que has olvidado decirme, ¿Qué
debo hacer para transformarme en pingüino?"
Aburrido, el búho condescendientemente la miró
y le dijo con parsimonia "Lo siento, yo solo me
dedico a la consultoría, la implementación no
es asunto mío, corre de tu cuenta".
Resulta habitual encontrarse con profesionales que se dedican
a la consultoría, bien como actividad principal, bien
como labor complementaria a su trabajo diario. El sector de
la consultoría goza de buena salud, es un sector en
claro crecimiento aunque en muchas ocasiones, persiste una
imagen estereotipada del consultor como un todólogo,
un personaje que sabe de todo, tiene respuestas para todo
y siempre cuenta con alguna receta para resolver cualquier
entuerto. Mucha gente suele preguntar ¿Superman era
consultor, no es cierto?
Ahora bien, mitos aparte, existe una competencia prioritaria
sin la que resulta del todo imposible desempeñarse
como consultor: ser un experto en aprendizaje. Por
desgracia, no solo la mayoría de clientes no saben
eso sino que la mayor parte de los consultores ni son expertos
en aprendizaje ni son conscientes de ello. Si eres lo que
has aprendido y serás lo que seas capaz de aprender,
entonces no puede haber habilidad más importante que
aprender. Hoy sabes más que ayer pero menos que mañana.
El principal objetivo de un consultor es lograr que su cliente
cambie, es decir, que haga cosas que antes no era capaz de
hacer con el único fin de obtener resultados que antes
no alcanzaba. Y para que haga cosas distintas tiene que aprender
y alguien le debe ayudar en ese proceso. Para cambiar hay
que aprender y para aprender hay que cambiar.
Lo primero que hay que recalcar es que los clientes son expertos
en sus negocios, hay poco que un consultor pueda enseñarles
acerca del mismo pero sin embargo hay mucho que un consultor
puede aprender. Los clientes se sorprenden cuando les insistimos
que "el conocimiento, por regla general, está
al interior de su organización, generalmente en la
cabeza de sus expertos y es la razón por la que dicha
organización es exitosa". Resulta poco creíble
que un consultor se presente con una receta para un problema
que trae de cabeza al cliente desde hace meses e incluso años.
No es muy factible que otra empresa no perteneciente a ese
rubro o una universidad pueda enseñar por ejemplo a
un banco, cadena de retail, empresa de telecomunicaciones
o distribuidora de aguas como gestionar sus organizaciones
(aunque lo intentan). Lo más importante que un consultor
puede aportar a su cliente es instalar en los miembros de
esa empresa la habilidad de aprender más rápido
y mejor que su competencia. Ese si que es un aporte de valor
esencial en los tiempos actuales y es ahí donde un
consultor debiese disponer de un conocimiento precioso y del
que sus clientes generalmente carecen. Para ello, uno de los
patrones que debe reconocer de manera urgente es cuál
es la estrategia de aprendizaje de los miembros de una organización,
cuáles son los paradigmas y el modelo imperante en
la misma.
Otra afirmación que genera extrañeza es cuando
insistimos a los clientes que "el conocimiento es
gratis". Y en efecto lo es. Las empresas lo tienen
en cantidades industriales y movilizarlo cada día no
les cuesta gran esfuerzo porque ya disponen de él.
Sin embargo aprender si es carísimo porque exige un
camino a recorrer por parte de los que no saben y ese tránsito
exige tiempo, esfuerzo y muchos recursos. Por esa razón
dilapidar el conocimiento y dejar que se escape sin sacarle
el máximo rendimiento es un pecado intolerable.
Siempre digo que soy un aprendedor profesional ya que me
pagan por aprender (espero que mi jefe sea de la misma opinión).
Una condición elemental para ello es reconocer ignorancia,
asumir incompetencia, ser humilde y declarar que "No
se". El principal problema es que los adultos hemos olvidado
cómo aprender y eso tiene difícil remedio. Manejamos
una noción equivocada que identifica aprender con estudiar
y hacer cursos liderados por un profesor. Dee Hock, ex fundador
y presidente de Visa y posteriormente connotado consultor
insistía en que todas las personas debiesen dedicar
un 50% de su tiempo en trabajar sobre si mismas, es decir,
en reflexionar y aprender sobre lo que lo que van haciendo
de cara a mejorar y desarrollar competencias nuevas para su
trabajo futuro.
Un consultor necesita invertir un tiempo no despreciable en
entender y aprender del negocio de su cliente. En la mayor
parte de los casos, los clientes pagan (consciente o inconscientemente)
para qué el consultor aprenda de su empresa y también
de su cultura y de su particular forma de hacer las cosas.
Cada cliente, cada situación, cada sector, cada área
son distintas, no hay recetas que se puedan aplicar plug &
play. La premisa es "Aprendo de mi cliente para que luego
mi cliente aprenda de mi". Dicha inversión es
un beneficio mutuo, por tanto necesito ser muy rápido
y preciso en aprender de ti, de tu negocio, en detectar incoherencias
para que luego te pueda abrir los ojos y enseñar.
Para poder realizar adecuadamente esta labor, que resulta
de vital importancia, los consultores deben reunir 2 características
principales:
1. Saber hacer buenas preguntas (en estos tiempos donde
se valoran más las respuestas)
2. Saber escuchar (en esta sociedad de las prisas donde
todos están más preocupados de hablar y hacerse
notar)
A mucha gente debe llamarle la atención que cosas
tan obvias como preguntar y escuchar sean los principales
atributos del consultor. ¿No es que preguntar y escuchar
es algo que aprendemos desde muy pequeños y que por
tanto hemos hecho continuamente a lo largo de los años?
Cualquier directivo reconoce que el colegio y la universidad
no enseñan a las personas a trabajar y por tanto, algunas
de las habilidades esenciales para funcionar en el mundo del
trabajo (preguntar, escuchar, pensar de forma estructurada
y ordenada, hablar y escribir de forma clara, convincente
y persuasiva, etc.) están sorprendentemente ausentes.
Hace escasos meses, se realizó una encuesta entre los
varios miles de ex-alumnos de las 2 principales universidades
de Chile y se les preguntó cuanto de lo que habían
estudiado durante sus años de universidad, les había
resultado útil durante su etapa laboral. La respuesta
fue: un tercio. Este resultado, que no me sorprende
en absoluto, lleva a plantear varias explicaciones:
1. Los profesores eran malos
2. Los alumnos eran malos
3. Los curriculums estaban mal diseñados e incluían
gran cantidad de cosas inútiles
4. Todas las anteriores
Hablando con la Gerente de RRHH de una de las principales
entidades financieras del país, 2 de sus afirmaciones
me resultaban demoledoras:
1. El 7% de nuestro aprendizaje ocurre en el aula
2. Donde realmente Aprendemos es trabajando
Para que un cliente considere que necesita ayuda, debe tener
primero sensación de crisis o al menos tener síntomas
que le preocupen. Para desarrollar esa tan necesaria como
poco frecuente capacidad de escuchar, la primera oportunidad
que generalmente brindan los clientes consiste en ayudarles
a identificar adecuadamente el problema a resolver. ¿Y
qué suelen hacer los consultores? Confundir oír
con escuchar, brindar respuestas y soluciones sin haber indagado
lo suficiente, desenfundar a las primeras de cambio un powerpoint
lleno de metodologías y anglicismos. Como decía
un colega de profesión, hay clientes bien curados de
espanto que cuando un consultor enciende su portátil
le preguntan: "¿Tú sabes o traes un
powerpoint?"
También una rara virtud de un consultor consiste en
saber decir que NO cuando carece de herramientas o conocimientos
suficientes y sobre todo ser valiente y resistir la tentación
de intentar hacer coincidir "artificialmente" sus
productos con la necesidad del cliente.
Esta tarea de definir y dimensionar bien el problema no es
algo trivial ni mucho menos. La semana pasada realicé
la siguiente pregunta en un taller donde los asistentes eran
todos profesionales del mundo de la empresa: Imagina que
tengo una píldora que permite mejorar el rendimiento
de quienes la toman y por ejemplo convertir a todos los vendedores
en el mejor vendedor.
1. ¿Cuanto pagarías por ella?
2. ¿Cuanto te cuesta que hoy esos vendedores no rindan
igual que el mejor?
3. ¿Cuanto te aportaría si todos rindiesen
como el mejor?
Aunque el aprendizaje busca multiplicar las capacidades de
las personas, en general, las empresas no tienen respuesta
para este tipo de planteamientos. Un consultor es responsable
de dimensionar el problema sobre el que va a trabajar, de
apoyar en la definición de indicadores, de comprometerse
con los resultados a obtener y con el camino a recorrer y
de acompañar en el proceso, a diferencia de lo que
pasaba con el búho. Y esto, ¿Qué tiene
que ver con el aprendizaje, cómo se mide y cómo
sabes si aprenden? No importa si aprenden, el aprendizaje
es un medio y no un fin para lograr un objetivo que te importa.
Mide los resultados, lo que importa es si lograste los resultados
prometidos.
Sobre el tema de las preguntas he abundado en otras columnas
http://tokland.com/elearning/?p=126
El punto de partida consiste en hacerse y hacer preguntas
las preguntas adecuadas ya que tu conocimiento depende de
las preguntas que te haces. Lo que sucede es que primero te
las haces tú y cuando no encuentras respuestas, entonces
preguntas a otros. La base del aprendizaje es que te hagas
preguntas que no sepas contestar. Los consultores tenemos
preguntas y son los clientes quienes tienen respuestas. De
hecho, uno de los objetivos consiste en dejar a los clientes
con más preguntas que respuestas y sobre todo queriendo
contestarlas. Para hacer esas buenas preguntas es importante
ser inquieto y curioso, es imprescindible conversar, el dialogo,
el intercambio, el debate, la argumentación, algo casi
inexistente durante nuestros largos años de educación
escolar y universitaria. Como ya apuntaba en Cuéntame
un cuento, un formador debe ser, a la postre, un buen
contador de historias.
En realidad, no ya solo los consultores sino que todas las
personas debiésemos ser expertos en aprendizaje puesto
que una de las principales y más complejas tareas consiste
en educar a tus hijos. Si sabemos que dependiendo de cómo
desarrollemos esa ardua labor, impactaremos enormemente en
el futuro de nuestros niños, cómo explicarse
que los curriculums no consideren esa habilidad como una de
las esenciales. Mientras lo dilucidamos, seguimos con "la
letra con sangre entra" que por supuesto conlleva
grandes dosis de control, disciplina y en definitiva, de adultos
frustrados.
Pero lo más increíble es que en el terreno
profesional, al igual que pasa con los consultores, una de
las principales responsabilidades de todos los directivos
y lideres que dirigen personas consiste en enseñar
a otros y darles feedback sobre su desempeño. Es decir,
también ellos están obligados a ser expertos
en aprendizaje. ¿Realmente lo son?
|
| |
 |
| |
 |
LA MENTE CREATIVA, UNA CONDICIÓN
DE LA EMPRESA INNOVADORA
Marcelo Lasagna, Gerente Sector
Público de Catenaria
mlasagna@catenaria.cl
|
|
| |
|
Vivimos en una era en la que el cambio es tan rápido
que las personas, especialmente aquellas que lideran procesos,
deben trabajar duro para desarrollar capacidades para el cambio
continuo y la adaptación constante. Todo ello ocurre
mientras, por otro lado, tienen que asegurar la conservación
de la identidad y valores de la organización. Parece
paradójico, pero así es. Lo complejo de este
mundo es precisamente ver ambas imágenes, no eliminar
nada y permanecer abierto a esta paradoja, mantener la tensión
de los opuestos. ¿Cómo hacerlo?. La clave de
ello, según muchos gurús del managment , es
la innovación. En palabras del presidente de Ibermática,
José Luis Larrea "en un entorno en movimiento
en el que el cambio es una constante, los valores de la anticipación
y la flexibilidad aparecen como acompañantes naturales
de cualquier proyecto empresarial, que sólo sobrevivirá
por el camino de la innovación permanente. Así,
surge de nuevo el concepto de innovación como un buen
motor para avanzar en el desarrollo sostenible".
La innovación no tiene lugar si no hay creatividad.
Esta es el combustible que permite poner en marcha el motor
de la innovación, pero no es suficiente para que éste
funcione. En cualquier caso, hemos de convenir que sin ideas
no se puede innovar. Los seres humanos tenemos una capacidad
innata para inventar y crear. En consecuencia somos para las
organizaciones los agentes portadores del gen de la creatividad.
Pero para que ésta brote debe darse un entorno empresarial
que lo permita. Con ello quiero decir que debe existir un
contexto que la fomente, la posibilite y la incentive. Lo
primero que podemos afirmar es que la innovación requiere
creatividad, y que ésta está en las personas
de la organización. Las personas, en consecuencia,
son la fuente de la innovación. Para que haya innovación
debe haber una organización que confíe en las
personas, fomente su creatividad y diseñe sus procesos
organizacionales en función de el trabajo colaborativo.
Es más importante, en este sentido, el patrón
de relación entre las personas que la estructura. La
cuestión no es fácil, el paradigma organizacional
dominante se basa precisamente en ver la organización
como una estructura maquinal, vertical y fragmentada, donde
la división del trabajo se estructura en razón
de que grupo de personas es el que piensa y otro el que ejecuta
lo que aquellos piensan. Esta visión no requiere de
creatividad. Es la negación de ella. Basta con que
las personas hagan aquello que otros decidieron por ellas.
Chaplin lo deja elocuentemente expresado en su película
"Tiempos Modernos". Aquella visión de la
organización se sostenía para el mundo de certezas
nacido del industrialismo, pero en el actual no tiene cabida
esa visión. La nueva visión de la organización
como un sistema vivo se basa en que las personas son el mayor
capital de la empresa y que ellas son las que producen la
innovación y la adaptación.
Mirar la organización de esta manera requiere de una
reflexión profunda sobre un cambio de gran envergadura.
Cuestión que no acometeré en este artículo.
Sin embargo, me parece importante hablar de cómo es
la mente creativa. Aquella que produce la creatividad, las
ideas como abono de la innovación. Leyendo el maravilloso
libro de Howard Gardner titulado "Las Cinco Mentes del
Futuro", autor también de "Las Inteligencias
Múltiples", encontré algunas ideas interesantes
que les quiero compartir. Gardner plantea que el mundo del
futuro demandará 5 tipos de mentes:
1. La Mente Disciplinada, capaz de dominar un ámbito
de acción. Como diría Edgar Morin, "es
preferible una mente bien ordenada que llena". Aquella
mente que sabe leer la realidad, que sabe plantear especialmente
preguntas antes que respuestas.
2. La Mente Sintetizadora, aquella capaz de integrar y
asociar ideas y contextos. La mente predominante hasta ahora
ha sido sobretodo analítica. Diseccionadota de la
realidad. Por tanto, más preocupada de las partes
que del todo.
3. La Mente Creativa, a esta me referiré en adelante.
4. La Mente Respetuosa es aquella que empatiza con los
otros, capaz de vivir en la diferencia, de tolerarla y enriquecerla.
Esta es la mente que no teme a la pluralidad, pues sabe
que la diversidad es sinónimo de vida.
5. La Mente Ética es la que imprime una misión
en el trabajo para convertirlo en ámbito de realización
propia y ajena, especialmente de la comunidad. El trabajo
no aliena al ser humano. No debería hacerlo, por
lo tanto este debería constituirse en un espacio
de desarrollo personal.
Gardner confirma algo que ya vengo diciendo desde hace algún
tiempo, y otros mucho antes que yo y con más luz, ciertamente,
que la creatividad es una capacidad natural en los seres humanos.
Y que son las estructuras culturales y sociales las que la
merman o la potencian. Por otro lado, Gardner se aleja también
de aquella visión que ve la creatividad como un atributo
de una personalidad excepcional. La creatividad, dice Gardner,
no es fruto sólo de la genialidad de una persona, sino
que es consecuencia de una interacción espontánea
entre tres elementos independientes:
1. El primero se refiere a la persona que domina algún
ámbito de actuación. El expertise que se consigue
en la sistematización de conocimiento sobre un aspecto
de la vida. El saber y saber hacer en un ámbito es
clave para producir ideas y nuevas ideas.
2. El segundo, es el contexto cultural donde trabaja esa
persona. Una persona puede ser muy original en sus ideas,
sin embargo, si no encuentra un contexto laboral que le
incentive, terminará por adaptarse a la mediocridad
del medio.
3. El tercero es el campo social. Esto es la capacidad
de la sociedad para reconocer la innovación de una
persona. Como ya dije la innovación no es mera creatividad,
que requiere de reconocimiento por parte de la sociedad,
sea el ámbito que sea. La sociedad debe atribuirle
valor a las buenas y originales ideas. Ese valor vendrá
dado por la estrecha relación entre las ideas y las
necesidades de las personas, grupos o sociedad que las acoge.
Si sus necesidades quedan cubiertas por las nuevas ideas,
entonces éstas darán lugar a la innovación.
Con todo, la mente creadora tiene unas propiedades que la
hacen especial y única. Todo creador necesita un mínimo
de inteligencia y técnica. La creación no queda
al albur de la espontaneidad y la inspiración. Detrás
de ella hay mucho trabajo y sistematización. Esto no
quiere decir que el creador sea sólo un experto. En
cierta medida lo es, pero no necesariamente. Ambos tienen
dominio sobre un campo de acción, pero el creador destaca
por su temperamento y actitud. El creador, dice Gardner, es
un insatisfecho con lo que hace, con sus logros, con las normas
establecidas en el medio donde se desenvuelve. El creador
no busca respuestas nuevas a viejas preguntas, él se
formula nuevas preguntas. El creador emprende nuevos caminos
y disfruta con la diferencia, no le incomoda sentirse o ser
percibido como distinto. No se para ante los desafíos.
Es una persona enérgica e inmune a las críticas.
El creador vive en el error. Todos fallamos, pero el creador
falla más. ¡!!Qué importante esto!!, ¿no?.
En nuestra sociedad el error se castiga. Una conocida gurú
de Internet, cuyo nombre no recuerdo, reconociendo el valor
de la equivocación dice: "aquí cometemos
errores nuevos, y aprendemos de ello". El creador es
una persona dispuesta a pararse una y otra vez para alcanzar
el logro creativo. El creador no se duerme en los laureles,
sigue buscando, no se para ante el logro. La mente creativa
no teme a la incertidumbre y al riesgo. Se deja fluir en la
inestabilidad. El creador cuando enfrenta una ola de magnitud
opta por subirse a la cúspide de está y "surfearla",
no se instala en las vísceras de la ola, dejándose
arrastrar y arañar por la arena del fondo marino.
La mente creativa debe ser original y oportuna, la simple
novedad o excentricidad no bastan. La oportunidad, el momentum,
es clave para saber cuando intervenir. Las oportunidades fluyen,
el creador intuitivamente sabe cuando debe innovar.
Para terminar, Gardner nos deja una cita de Nietzche que
me parece sublime. El gran filósofo alemán decía
"el sintetizador es apolíneo y el creador es dionisiaco".
(!!cuanto nos siguen deleitando los griegos con su reveladora
mitología!!!). Ciertamente la mente sintetizadora busca
el orden, el equilibrio, la protección, la belleza
armónica, mientras que la mente creativa se alimenta
de la incertidumbre y la sorpresa, del caos, del desequilibrio
constante y el desafío sin fin. Margaret Wheatley,
una excelente consultora organizacional, nos plantea precisamente
la idea de que el manejo de la incertidumbre es una de las
propiedades más destacadas del manager del futuro.
|
| |
 |
| |
|
|
| |
|
I am almost embarrassed to write this column. What I am about
to say seems to me to be frighteningly obvious. I am sure
my readers will say, "well, yea, anyone would know that."
But, sadly, the powers that be don ?t seem to know it, so
I thought I'd better write about it just in case some of the
people who are about to sow the seeds for the destruction
of meaningful education in this country might happen to read
it. What is the subject matter, you ask? Paying teachers for
performance.
I realize that most of the politicians who run schools, and
the corporate leaders who think they are helping, haven't
a clue what education is. Yes, it seems to make sense to pay
for performance. And if test scores are what you want, then
paying for teachers to produce high tests scores may actually
work. But this is a dangerously simple-minded proposition.
I feel the need to respond in kind to it with some simple
minded problems.
What if a student has a question about something that is
not on the test? What if the class is excited about a project
or an idea that will never be on any test? Suppose the students
are upset about something, Littleton for example, or Kosovo,
or health care in America? Suppose a student has a personal
problem and needs someone to talk to. Suppose there is a subject
worth teaching for which there is no test.
In each of these cases, the right answer for the teacher
being encouraged by politicians and corporation executives
to raise test scores is, "sorry, we can ?t deal with
that now, because it is not on the test."
Paying for performance assumes that performance is measurable.
Maybe it is, but not by student test scores. In schools where
teachers are pressured to make test scores higher (which is
most of them these days) increasing numbers of teachers report
that they are extremely stressed about all the wrong things.
These same politicians want better teachers at the same time
they are driving away the best teachers by making them into
automatons that drill students for tests.
I feel the need to point out, as always, that these tests
test only conscious knowledge, that non-conscious doing knowledge
is the basis of real learning and that the curriculum needs
to change into one that addresses the practical exigencies
of living in today's world. We need to abandon archaic subjects
that exist in the curriculum solely because they were always
there. We need to find ways to make high school into something
other than pre-college. But, I have said all this before.
Stop this madness before it is too late. Education must be
about expanding the mind, and expanding one´s abilities
at real world tasks. Teaching must involve encouraging such
expansion. That is all there is to it. Anything else is a
waste of time.
|
| |
|
|
 |
| |
Catenaria - Gestión del
Conocimiento
Agustinas, 1350 / Teléfono 56 - 2 - 2905404 / Mail: jmartinez@catenaria.cl
/ Santiago, Chile
|
|
 |
|