E D I C I Ó N - N ° 24 - MARZO - 2 0 0 8
 
 
 
Ponemos la metodología, experiencia y planteamientos de clase mundial
del Dr. Roger Schank, fundador de Socratic Arts, a disposición de las
organizaciones latinoamericanas.
 

HOY SABES MÁS QUE AYER PERO MENOS QUE MAÑANA
Javier Martínez Aldanondo,
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
jmartinez@catenaria.cl

 

Érase una vez una paloma que vivía en un paraíso donde siempre era verano y donde reinaba la abundancia de comida, bebida y compañía. Aunque el hábitat era envidiable para el resto de sus congéneres, el calor provocaba muchos trastornos de sueño a la paloma y los opíparos banquetes le estaban haciendo ganar peso a tal punto que ponía en riesgo su capacidad de vuelo. Recientemente su hermana (su único pariente vivo) había fallecido bajo los perdigones de una escopeta manejada por un grupo de niños ociosos que se entretenían disparando a todo bicho viviente. Reflexionando llegó a la conclusión que ya nada le ataba con aquel idílico paraje y decidió que había llegado el momento de emigrar en busca de otras tierras: Había oído hablar maravillas de una zona fría y tranquila, de mullidos árboles y cielo cristalino en el extremo sur del continente llamada Polo así que optó por emigrar. Cómo no sabía qué debía hacer para enfrentar tamaña aventura, se dirigió a pedir consejo al Búho que oficiaba como sabio del paraíso. Aunque la conversación con el búho estuvo constantemente salpicada de interrupciones, bien llamadas telefónicas, bien mensajes en el Messenger, consiguió finalmente captar su atención durante 5 minutos y explicarle el motivo de su visita. Después de permanecer en silencio un largo rato (durante el cuál contestó algunos correos electrónicos sin levantar su vista del teclado) el búho se llevó su ala derecha al pico para tapar un tímido bostezo y exclamó: "Tengo una solución para tu problema pero no te va a salir nada barato ya que tendré que emplear tecnología punta y a mis mejores expertos. Te voy a cobrar 1 tarro de lombrices por este trabajo tan especial". La paloma casi se desmayó al escuchar el precio y haciendo gala de su mejor sangre fría exclamo con un hilo de voz "¡¡Pero eso es un precio desorbitado, tardaré meses en acumular una fortuna como esa, la temporada de lombrices ya pasó y conseguirlas ahora es casi un milagro!!". El búho regresó sus ojos impasibles a la pantalla de plasma y zanjó la conversación "Lo que pides es un servicio muy especializado y sofisticado, también casi un milagro y mi precio es el que te he dicho, lo tomas o lo dejas".
La paloma abandonó descorazonada el despacho del búho pero lejos de rendirse, decidió darse un plazo y probar fortuna en la búsqueda de lombrices.
4 meses después, la paloma se presentó de nuevo en la oficina del búho y observó que este había efectuado algunas mejoras ostensibles, fruto posiblemente de la bonanza de sus negocios. "Aquí te traigo el bote de lombrices que me solicitaste como pago por tus servicios" le espetó la paloma sin ni siquiera perder el tiempo en los saludos protocolarios. El búho lo examinó con detenimiento, escudriñando con detalle su contenido y solo pronunció una frase "Regresa dentro de 1 semana y tendré la solución para tu deseo de emigrar al polo". La semana transcurrió con extrema lentitud para la paloma que no dejaba de soñar sobre su nuevo destino y de hacer planes sobre qué tipo de vivienda construir, donde ubicarla y por supuesto, qué tipo de círculos sociales frecuentar. Cuando se cumplió el plazo indicado, la paloma llegó impaciente a conocer la forma en que el búho había resuelto su problema migratorio. El búho la recibió con su mejor atuendo, le ofreció un cuenco con alpiste integral y acto seguido le confirmó "Tengo la solución para tu problema. Por si acaso no lo sabes, el lugar al que deseas partir es un lugar extremadamente frío, rodeado de mar por todas partes y donde el pescado es prácticamente el único alimento, razón por la cual la mejor alternativa es transformarte en un pingüino". La paloma sonrió entre sorprendida y satisfecha "Qué gran idea, cómo no se me habrá ocurrido a mi, realmente este búho es caro pero vale lo que cuesta". El búho continuó explicando los beneficios que hacían del pingüino la mejor elección posible "Los pingüinos tienen una sustancia en la sangre que impide que se congelen sin importar el frío que haga. Tienen también una forma aerodinámica, membranas en los pies y unas plumas especiales que los convierten en uno de los mejores nadadores que existen, su pico está especialmente diseñado para poder diseccionar un pescado con precisión y comerlo sin temor a clavarse las espinas". Un rato mas continuó el búho ensalzando las bondades de los pingüinos y cuando hubo terminado, la paloma no tenía duda alguna que una vez transformada en pingüino, su futuro era bien halagüeño y claramente la mejor decisión que habría tomado en su vida. Se despidieron de un fuerte apretón de manos y la paloma bajó silbando alegremente las escaleras del edificio de oficinas. No alcanzó a descender un piso cuando de pronto, una pregunta vital cruzó su mente como un relámpago. Regresó volando al despacho del búho y le preguntó "Búho, hay una cosa que has olvidado decirme, ¿Qué debo hacer para transformarme en pingüino?" Aburrido, el búho condescendientemente la miró y le dijo con parsimonia "Lo siento, yo solo me dedico a la consultoría, la implementación no es asunto mío, corre de tu cuenta".

Resulta habitual encontrarse con profesionales que se dedican a la consultoría, bien como actividad principal, bien como labor complementaria a su trabajo diario. El sector de la consultoría goza de buena salud, es un sector en claro crecimiento aunque en muchas ocasiones, persiste una imagen estereotipada del consultor como un todólogo, un personaje que sabe de todo, tiene respuestas para todo y siempre cuenta con alguna receta para resolver cualquier entuerto. Mucha gente suele preguntar ¿Superman era consultor, no es cierto?

Ahora bien, mitos aparte, existe una competencia prioritaria sin la que resulta del todo imposible desempeñarse como consultor: ser un experto en aprendizaje. Por desgracia, no solo la mayoría de clientes no saben eso sino que la mayor parte de los consultores ni son expertos en aprendizaje ni son conscientes de ello. Si eres lo que has aprendido y serás lo que seas capaz de aprender, entonces no puede haber habilidad más importante que aprender. Hoy sabes más que ayer pero menos que mañana.
El principal objetivo de un consultor es lograr que su cliente cambie, es decir, que haga cosas que antes no era capaz de hacer con el único fin de obtener resultados que antes no alcanzaba. Y para que haga cosas distintas tiene que aprender y alguien le debe ayudar en ese proceso. Para cambiar hay que aprender y para aprender hay que cambiar.

Lo primero que hay que recalcar es que los clientes son expertos en sus negocios, hay poco que un consultor pueda enseñarles acerca del mismo pero sin embargo hay mucho que un consultor puede aprender. Los clientes se sorprenden cuando les insistimos que "el conocimiento, por regla general, está al interior de su organización, generalmente en la cabeza de sus expertos y es la razón por la que dicha organización es exitosa". Resulta poco creíble que un consultor se presente con una receta para un problema que trae de cabeza al cliente desde hace meses e incluso años. No es muy factible que otra empresa no perteneciente a ese rubro o una universidad pueda enseñar por ejemplo a un banco, cadena de retail, empresa de telecomunicaciones o distribuidora de aguas como gestionar sus organizaciones (aunque lo intentan). Lo más importante que un consultor puede aportar a su cliente es instalar en los miembros de esa empresa la habilidad de aprender más rápido y mejor que su competencia. Ese si que es un aporte de valor esencial en los tiempos actuales y es ahí donde un consultor debiese disponer de un conocimiento precioso y del que sus clientes generalmente carecen. Para ello, uno de los patrones que debe reconocer de manera urgente es cuál es la estrategia de aprendizaje de los miembros de una organización, cuáles son los paradigmas y el modelo imperante en la misma.
Otra afirmación que genera extrañeza es cuando insistimos a los clientes que "el conocimiento es gratis". Y en efecto lo es. Las empresas lo tienen en cantidades industriales y movilizarlo cada día no les cuesta gran esfuerzo porque ya disponen de él. Sin embargo aprender si es carísimo porque exige un camino a recorrer por parte de los que no saben y ese tránsito exige tiempo, esfuerzo y muchos recursos. Por esa razón dilapidar el conocimiento y dejar que se escape sin sacarle el máximo rendimiento es un pecado intolerable.

Siempre digo que soy un aprendedor profesional ya que me pagan por aprender (espero que mi jefe sea de la misma opinión). Una condición elemental para ello es reconocer ignorancia, asumir incompetencia, ser humilde y declarar que "No se". El principal problema es que los adultos hemos olvidado cómo aprender y eso tiene difícil remedio. Manejamos una noción equivocada que identifica aprender con estudiar y hacer cursos liderados por un profesor. Dee Hock, ex fundador y presidente de Visa y posteriormente connotado consultor insistía en que todas las personas debiesen dedicar un 50% de su tiempo en trabajar sobre si mismas, es decir, en reflexionar y aprender sobre lo que lo que van haciendo de cara a mejorar y desarrollar competencias nuevas para su trabajo futuro.
Un consultor necesita invertir un tiempo no despreciable en entender y aprender del negocio de su cliente. En la mayor parte de los casos, los clientes pagan (consciente o inconscientemente) para qué el consultor aprenda de su empresa y también de su cultura y de su particular forma de hacer las cosas. Cada cliente, cada situación, cada sector, cada área son distintas, no hay recetas que se puedan aplicar plug & play. La premisa es "Aprendo de mi cliente para que luego mi cliente aprenda de mi". Dicha inversión es un beneficio mutuo, por tanto necesito ser muy rápido y preciso en aprender de ti, de tu negocio, en detectar incoherencias para que luego te pueda abrir los ojos y enseñar.

Para poder realizar adecuadamente esta labor, que resulta de vital importancia, los consultores deben reunir 2 características principales:

1. Saber hacer buenas preguntas (en estos tiempos donde se valoran más las respuestas)
2. Saber escuchar (en esta sociedad de las prisas donde todos están más preocupados de hablar y hacerse notar)

A mucha gente debe llamarle la atención que cosas tan obvias como preguntar y escuchar sean los principales atributos del consultor. ¿No es que preguntar y escuchar es algo que aprendemos desde muy pequeños y que por tanto hemos hecho continuamente a lo largo de los años? Cualquier directivo reconoce que el colegio y la universidad no enseñan a las personas a trabajar y por tanto, algunas de las habilidades esenciales para funcionar en el mundo del trabajo (preguntar, escuchar, pensar de forma estructurada y ordenada, hablar y escribir de forma clara, convincente y persuasiva, etc.) están sorprendentemente ausentes. Hace escasos meses, se realizó una encuesta entre los varios miles de ex-alumnos de las 2 principales universidades de Chile y se les preguntó cuanto de lo que habían estudiado durante sus años de universidad, les había resultado útil durante su etapa laboral. La respuesta fue: un tercio. Este resultado, que no me sorprende en absoluto, lleva a plantear varias explicaciones:

1. Los profesores eran malos
2. Los alumnos eran malos
3. Los curriculums estaban mal diseñados e incluían gran cantidad de cosas inútiles
4. Todas las anteriores

Hablando con la Gerente de RRHH de una de las principales entidades financieras del país, 2 de sus afirmaciones me resultaban demoledoras:

1. El 7% de nuestro aprendizaje ocurre en el aula
2. Donde realmente Aprendemos es trabajando

Para que un cliente considere que necesita ayuda, debe tener primero sensación de crisis o al menos tener síntomas que le preocupen. Para desarrollar esa tan necesaria como poco frecuente capacidad de escuchar, la primera oportunidad que generalmente brindan los clientes consiste en ayudarles a identificar adecuadamente el problema a resolver. ¿Y qué suelen hacer los consultores? Confundir oír con escuchar, brindar respuestas y soluciones sin haber indagado lo suficiente, desenfundar a las primeras de cambio un powerpoint lleno de metodologías y anglicismos. Como decía un colega de profesión, hay clientes bien curados de espanto que cuando un consultor enciende su portátil le preguntan: "¿Tú sabes o traes un powerpoint?"

También una rara virtud de un consultor consiste en saber decir que NO cuando carece de herramientas o conocimientos suficientes y sobre todo ser valiente y resistir la tentación de intentar hacer coincidir "artificialmente" sus productos con la necesidad del cliente.
Esta tarea de definir y dimensionar bien el problema no es algo trivial ni mucho menos. La semana pasada realicé la siguiente pregunta en un taller donde los asistentes eran todos profesionales del mundo de la empresa: Imagina que tengo una píldora que permite mejorar el rendimiento de quienes la toman y por ejemplo convertir a todos los vendedores en el mejor vendedor.

1. ¿Cuanto pagarías por ella?
2. ¿Cuanto te cuesta que hoy esos vendedores no rindan igual que el mejor?
3. ¿Cuanto te aportaría si todos rindiesen como el mejor?

Aunque el aprendizaje busca multiplicar las capacidades de las personas, en general, las empresas no tienen respuesta para este tipo de planteamientos. Un consultor es responsable de dimensionar el problema sobre el que va a trabajar, de apoyar en la definición de indicadores, de comprometerse con los resultados a obtener y con el camino a recorrer y de acompañar en el proceso, a diferencia de lo que pasaba con el búho. Y esto, ¿Qué tiene que ver con el aprendizaje, cómo se mide y cómo sabes si aprenden? No importa si aprenden, el aprendizaje es un medio y no un fin para lograr un objetivo que te importa. Mide los resultados, lo que importa es si lograste los resultados prometidos.

Sobre el tema de las preguntas he abundado en otras columnas http://tokland.com/elearning/?p=126 El punto de partida consiste en hacerse y hacer preguntas las preguntas adecuadas ya que tu conocimiento depende de las preguntas que te haces. Lo que sucede es que primero te las haces tú y cuando no encuentras respuestas, entonces preguntas a otros. La base del aprendizaje es que te hagas preguntas que no sepas contestar. Los consultores tenemos preguntas y son los clientes quienes tienen respuestas. De hecho, uno de los objetivos consiste en dejar a los clientes con más preguntas que respuestas y sobre todo queriendo contestarlas. Para hacer esas buenas preguntas es importante ser inquieto y curioso, es imprescindible conversar, el dialogo, el intercambio, el debate, la argumentación, algo casi inexistente durante nuestros largos años de educación escolar y universitaria. Como ya apuntaba en Cuéntame un cuento, un formador debe ser, a la postre, un buen contador de historias.

En realidad, no ya solo los consultores sino que todas las personas debiésemos ser expertos en aprendizaje puesto que una de las principales y más complejas tareas consiste en educar a tus hijos. Si sabemos que dependiendo de cómo desarrollemos esa ardua labor, impactaremos enormemente en el futuro de nuestros niños, cómo explicarse que los curriculums no consideren esa habilidad como una de las esenciales. Mientras lo dilucidamos, seguimos con "la letra con sangre entra" que por supuesto conlleva grandes dosis de control, disciplina y en definitiva, de adultos frustrados.

Pero lo más increíble es que en el terreno profesional, al igual que pasa con los consultores, una de las principales responsabilidades de todos los directivos y lideres que dirigen personas consiste en enseñar a otros y darles feedback sobre su desempeño. Es decir, también ellos están obligados a ser expertos en aprendizaje. ¿Realmente lo son?

 
 

LA MENTE CREATIVA, UNA CONDICIÓN DE LA EMPRESA INNOVADORA
Marcelo Lasagna, Gerente Sector Público de Catenaria
mlasagna@catenaria.cl

 

Vivimos en una era en la que el cambio es tan rápido que las personas, especialmente aquellas que lideran procesos, deben trabajar duro para desarrollar capacidades para el cambio continuo y la adaptación constante. Todo ello ocurre mientras, por otro lado, tienen que asegurar la conservación de la identidad y valores de la organización. Parece paradójico, pero así es. Lo complejo de este mundo es precisamente ver ambas imágenes, no eliminar nada y permanecer abierto a esta paradoja, mantener la tensión de los opuestos. ¿Cómo hacerlo?. La clave de ello, según muchos gurús del managment , es la innovación. En palabras del presidente de Ibermática, José Luis Larrea "en un entorno en movimiento en el que el cambio es una constante, los valores de la anticipación y la flexibilidad aparecen como acompañantes naturales de cualquier proyecto empresarial, que sólo sobrevivirá por el camino de la innovación permanente. Así, surge de nuevo el concepto de innovación como un buen motor para avanzar en el desarrollo sostenible".

La innovación no tiene lugar si no hay creatividad. Esta es el combustible que permite poner en marcha el motor de la innovación, pero no es suficiente para que éste funcione. En cualquier caso, hemos de convenir que sin ideas no se puede innovar. Los seres humanos tenemos una capacidad innata para inventar y crear. En consecuencia somos para las organizaciones los agentes portadores del gen de la creatividad. Pero para que ésta brote debe darse un entorno empresarial que lo permita. Con ello quiero decir que debe existir un contexto que la fomente, la posibilite y la incentive. Lo primero que podemos afirmar es que la innovación requiere creatividad, y que ésta está en las personas de la organización. Las personas, en consecuencia, son la fuente de la innovación. Para que haya innovación debe haber una organización que confíe en las personas, fomente su creatividad y diseñe sus procesos organizacionales en función de el trabajo colaborativo. Es más importante, en este sentido, el patrón de relación entre las personas que la estructura. La cuestión no es fácil, el paradigma organizacional dominante se basa precisamente en ver la organización como una estructura maquinal, vertical y fragmentada, donde la división del trabajo se estructura en razón de que grupo de personas es el que piensa y otro el que ejecuta lo que aquellos piensan. Esta visión no requiere de creatividad. Es la negación de ella. Basta con que las personas hagan aquello que otros decidieron por ellas. Chaplin lo deja elocuentemente expresado en su película "Tiempos Modernos". Aquella visión de la organización se sostenía para el mundo de certezas nacido del industrialismo, pero en el actual no tiene cabida esa visión. La nueva visión de la organización como un sistema vivo se basa en que las personas son el mayor capital de la empresa y que ellas son las que producen la innovación y la adaptación.

Mirar la organización de esta manera requiere de una reflexión profunda sobre un cambio de gran envergadura. Cuestión que no acometeré en este artículo. Sin embargo, me parece importante hablar de cómo es la mente creativa. Aquella que produce la creatividad, las ideas como abono de la innovación. Leyendo el maravilloso libro de Howard Gardner titulado "Las Cinco Mentes del Futuro", autor también de "Las Inteligencias Múltiples", encontré algunas ideas interesantes que les quiero compartir. Gardner plantea que el mundo del futuro demandará 5 tipos de mentes:

1. La Mente Disciplinada, capaz de dominar un ámbito de acción. Como diría Edgar Morin, "es preferible una mente bien ordenada que llena". Aquella mente que sabe leer la realidad, que sabe plantear especialmente preguntas antes que respuestas.

2. La Mente Sintetizadora, aquella capaz de integrar y asociar ideas y contextos. La mente predominante hasta ahora ha sido sobretodo analítica. Diseccionadota de la realidad. Por tanto, más preocupada de las partes que del todo.

3. La Mente Creativa, a esta me referiré en adelante.

4. La Mente Respetuosa es aquella que empatiza con los otros, capaz de vivir en la diferencia, de tolerarla y enriquecerla. Esta es la mente que no teme a la pluralidad, pues sabe que la diversidad es sinónimo de vida.

5. La Mente Ética es la que imprime una misión en el trabajo para convertirlo en ámbito de realización propia y ajena, especialmente de la comunidad. El trabajo no aliena al ser humano. No debería hacerlo, por lo tanto este debería constituirse en un espacio de desarrollo personal.

Gardner confirma algo que ya vengo diciendo desde hace algún tiempo, y otros mucho antes que yo y con más luz, ciertamente, que la creatividad es una capacidad natural en los seres humanos. Y que son las estructuras culturales y sociales las que la merman o la potencian. Por otro lado, Gardner se aleja también de aquella visión que ve la creatividad como un atributo de una personalidad excepcional. La creatividad, dice Gardner, no es fruto sólo de la genialidad de una persona, sino que es consecuencia de una interacción espontánea entre tres elementos independientes:

1. El primero se refiere a la persona que domina algún ámbito de actuación. El expertise que se consigue en la sistematización de conocimiento sobre un aspecto de la vida. El saber y saber hacer en un ámbito es clave para producir ideas y nuevas ideas.

2. El segundo, es el contexto cultural donde trabaja esa persona. Una persona puede ser muy original en sus ideas, sin embargo, si no encuentra un contexto laboral que le incentive, terminará por adaptarse a la mediocridad del medio.

3. El tercero es el campo social. Esto es la capacidad de la sociedad para reconocer la innovación de una persona. Como ya dije la innovación no es mera creatividad, que requiere de reconocimiento por parte de la sociedad, sea el ámbito que sea. La sociedad debe atribuirle valor a las buenas y originales ideas. Ese valor vendrá dado por la estrecha relación entre las ideas y las necesidades de las personas, grupos o sociedad que las acoge. Si sus necesidades quedan cubiertas por las nuevas ideas, entonces éstas darán lugar a la innovación.

Con todo, la mente creadora tiene unas propiedades que la hacen especial y única. Todo creador necesita un mínimo de inteligencia y técnica. La creación no queda al albur de la espontaneidad y la inspiración. Detrás de ella hay mucho trabajo y sistematización. Esto no quiere decir que el creador sea sólo un experto. En cierta medida lo es, pero no necesariamente. Ambos tienen dominio sobre un campo de acción, pero el creador destaca por su temperamento y actitud. El creador, dice Gardner, es un insatisfecho con lo que hace, con sus logros, con las normas establecidas en el medio donde se desenvuelve. El creador no busca respuestas nuevas a viejas preguntas, él se formula nuevas preguntas. El creador emprende nuevos caminos y disfruta con la diferencia, no le incomoda sentirse o ser percibido como distinto. No se para ante los desafíos. Es una persona enérgica e inmune a las críticas.

El creador vive en el error. Todos fallamos, pero el creador falla más. ¡!!Qué importante esto!!, ¿no?. En nuestra sociedad el error se castiga. Una conocida gurú de Internet, cuyo nombre no recuerdo, reconociendo el valor de la equivocación dice: "aquí cometemos errores nuevos, y aprendemos de ello". El creador es una persona dispuesta a pararse una y otra vez para alcanzar el logro creativo. El creador no se duerme en los laureles, sigue buscando, no se para ante el logro. La mente creativa no teme a la incertidumbre y al riesgo. Se deja fluir en la inestabilidad. El creador cuando enfrenta una ola de magnitud opta por subirse a la cúspide de está y "surfearla", no se instala en las vísceras de la ola, dejándose arrastrar y arañar por la arena del fondo marino.


La mente creativa debe ser original y oportuna, la simple novedad o excentricidad no bastan. La oportunidad, el momentum, es clave para saber cuando intervenir. Las oportunidades fluyen, el creador intuitivamente sabe cuando debe innovar.

Para terminar, Gardner nos deja una cita de Nietzche que me parece sublime. El gran filósofo alemán decía "el sintetizador es apolíneo y el creador es dionisiaco". (!!cuanto nos siguen deleitando los griegos con su reveladora mitología!!!). Ciertamente la mente sintetizadora busca el orden, el equilibrio, la protección, la belleza armónica, mientras que la mente creativa se alimenta de la incertidumbre y la sorpresa, del caos, del desequilibrio constante y el desafío sin fin. Margaret Wheatley, una excelente consultora organizacional, nos plantea precisamente la idea de que el manejo de la incertidumbre es una de las propiedades más destacadas del manager del futuro.

 
 

PERFORMANCE RECOGNITION
Roger Schank, CEO Socratic Arts
roger@socraticarts.com

 

I am almost embarrassed to write this column. What I am about to say seems to me to be frighteningly obvious. I am sure my readers will say, "well, yea, anyone would know that." But, sadly, the powers that be don ?t seem to know it, so I thought I'd better write about it just in case some of the people who are about to sow the seeds for the destruction of meaningful education in this country might happen to read it. What is the subject matter, you ask? Paying teachers for performance.

I realize that most of the politicians who run schools, and the corporate leaders who think they are helping, haven't a clue what education is. Yes, it seems to make sense to pay for performance. And if test scores are what you want, then paying for teachers to produce high tests scores may actually work. But this is a dangerously simple-minded proposition. I feel the need to respond in kind to it with some simple minded problems.

What if a student has a question about something that is not on the test? What if the class is excited about a project or an idea that will never be on any test? Suppose the students are upset about something, Littleton for example, or Kosovo, or health care in America? Suppose a student has a personal problem and needs someone to talk to. Suppose there is a subject worth teaching for which there is no test.

In each of these cases, the right answer for the teacher being encouraged by politicians and corporation executives to raise test scores is, "sorry, we can ?t deal with that now, because it is not on the test."

Paying for performance assumes that performance is measurable. Maybe it is, but not by student test scores. In schools where teachers are pressured to make test scores higher (which is most of them these days) increasing numbers of teachers report that they are extremely stressed about all the wrong things. These same politicians want better teachers at the same time they are driving away the best teachers by making them into automatons that drill students for tests.

I feel the need to point out, as always, that these tests test only conscious knowledge, that non-conscious doing knowledge is the basis of real learning and that the curriculum needs to change into one that addresses the practical exigencies of living in today's world. We need to abandon archaic subjects that exist in the curriculum solely because they were always there. We need to find ways to make high school into something other than pre-college. But, I have said all this before.

Stop this madness before it is too late. Education must be about expanding the mind, and expanding one´s abilities at real world tasks. Teaching must involve encouraging such expansion. That is all there is to it. Anything else is a waste of time.

 
 
 

Catenaria - Gestión del Conocimiento
Agustinas, 1350 / Teléfono 56 - 2 - 2905404 / Mail: jmartinez@catenaria.cl / Santiago, Chile