| Ayer escuché atónito
una entrevista en televisión al Gerente General de
una importante empresa multinacional que me sorprendió
cuando se hacía la siguiente pregunta: "¿Qué
me diferencia a mí de un operario que trabaja en mi
empresa? Desde luego, yo no soy más inteligente porque,
excepto algunos genios escasos, todos tenemos aproximadamente
la misma inteligencia, la misma capacidad. La única
diferencia es que yo tengo conocimientos que él no
tiene porque he tenido más oportunidades de aprender
que él". No se preocupen, esta columna
no se refiere a los incumplimientos de los políticos,
sería demasiado obvio. Tampoco a los compromisos
que muchos adquirimos durante los últimos días
del año como dejar de fumar, comer moderadamente
o hacer ejercicio. Quien más, quien menos, todo el
mundo tiene la certeza de que le han hecho o ha hecho promesas
que jamás se cumplieron pero me interesa referirme
a 2 relacionadas con el mundo del conocimiento y el aprendizaje
y que todos hemos padecido: La promesa de la educación
y la promesa de la capacitación.
1. La promesa de la educación:
"Tienes que ir al colegio para que el día de
mañana seas un hombre de provecho".
Mientras obliga a los niños a ir al colegio, la promesa
que hace la educación, por boca sobre todo de los
padres y los profesores, es prepararte para la vida que
te aguarda. Y esa vida tiene mucho que ver con el/los trabajo/s
que desempeñarás. No podemos vivir sin trabajar,
dedicamos al menos 1/3 del día a esa tarea y como
resultado de dicho esfuerzo, generamos recursos que nos
permiten acceder a algunos bienes imprescindibles para sobrevivir
como vivienda, salud, alimentación, etc. En definitiva,
la promesa es "Invierte 17 interminables años
y tendrás un trabajo y todas las herramientas necesarias
para salir adelante y valerte por ti mismo"
La promesa parece atractiva pero la realidad tiene muy poco
que ver a pesar de que, como todos estudiamos lo mismo,
debiésemos tener casi idénticas competencias.
Casi nadie puede afirmar "soy lo que soy gracias a
lo que aprendí en el colegio o en la universidad".
Es casi un milagro que un recién licenciado salga
de la universidad con un trabajo bajo el brazo. Más
bien sale con grandes dudas de que lo aprendió le
sirva. Quienes no tienen muchas dudas son las empresas que
les contratan que saben perfectamente que un joven de 24
años, a pesar de su titulo y su master, tiene muy
poco conocimiento útil que aportar y mucho que aprender.
Curiosamente, si durante 17 años pagas por aprender,
durante los 5 primeros de tu carrera profesional, te pagan
por aprender. Quien te contrata sabe que debe invertir mucho
tiempo y dinero en lograr que aprendas a hacer cosas útiles
para la empresa que te paga el sueldo y que en un escenario
normal, debieses saber hacer porque se supone que para eso
están esos 17 largos años. En otro momento
analizaremos esta promesa que resulta verdaderamente frustrante.
2. La promesa de la capacitación:
Si preguntas a cualquier profesional si aprender es importante,
te encuentras con una pléyade de respuestas ya conocidas
para confirmarlo: Vivimos en un mundo globalizado, el cambio
es permanente, el conocimiento caduca, bla, bla, bla
Como tantas veces, la lástima es que las palabras
no acompañan a los hechos.
La capacitación tiene inmensos problemas para garantizar
la promesa que hace: para tener buenos resultados, tienes
que invertir en que tu gente cada vez sea mejor, formarlos
para hacerlos más competentes. Y esta dificultad
sucede básicamente por 2 razones:
a. La formación es incapaz de demostrar su aporte
a los resultados. Una empresa es una organización
con ánimo de lucro, su objetivo primordial por definición
es ganar dinero. Su prioridad no es ser responsable socialmente,
contribuir al medio ambiente o desarrollar a las personas.
Su prioridad es ser rentable, el resto es secundario. Cada
cosa que ocurre en una empresa tiene un propósito
claro y concreto: O bien aumenta los ingresos o bien reduce
los gastos. Nadie discute que la formación es una
herramienta estratégica para equipar a tus colaboradores
con las mejores armas. Como se suele decir a quien pone
objeciones a gastar dinero en formación: más
vale formar a la gente y que se nos vaya, que no formarla
y se nos quede. ¿Dónde está entonces
la contradicción?
Los planes de formación que se diseñan en
una empresa son capaces de precisar sin esfuerzo la parte
menos relevante de la ecuación (cuánto van
a costar) pero son incapaces de precisar lo fundamental:
cuánto van a aportar, qué es lo que va a
ganar la empresa. La razón es muy sencilla: casi
nunca la formación se diseña partiendo de
indicadores concretos de negocio que resulta imprescindible
mejorar como ventas, participación de mercado,
errores, satisfacción de clientes, gastos, etc.
Lo habitual es que la formación no tenga claro
el problema que trata de resolver ni qué cosas
concretas necesitan aprender a hacer mejor las personas.
En muchos casos, la excusa tras la que se refugian es
que resulta muy difícil determinar el aporte que
hace la formación (el ROI) ya que existen muchas
otras variables que pueden afectar.
En ese escenario, cuando un directivo debe tomar una decisión
de invertir los limitados recursos de la empresa entre
los distintos proyectos que reclaman financiación,
obviamente descarta aquellos que no pueden justificar
resultados medibles. Por tanto la conclusión parece
clara: nunca planificar desde los contenidos ni desde
lo que las personas debiesen saber (a liderar, a trabajar
en equipo) sino desde los resultados que queremos mejorar.
b. La formación sigue usando metodologías
erróneas. Hoy la tendencia es denominar a la
formación con nombres más sofisticados que
van desde Universidad Corporativa hasta Gestión del
Cambio. Asumiendo que la formación sea una respuesta
adecuada para mejorar los resultados, la pregunta es simple.
¿Todas las estrategias para aprender son iguales?
Evidentemente no. Si alguien necesita formación es
porque tiene que aprender a hacer cosas que no sabe hacer
o las hace deficientemente. En ese caso, la mejor manera
es obviamente determinar qué necesitan saber hacer
y luego permitirles practicarlo tantas veces como se requiera
hasta que sean capaces de dominarlo. Desgraciadamente, cuando
la maquinaria de formación se pone en funcionamiento,
sus posibilidades de tener éxito están condenadas
a fracasar porque se basan en un paradigma doblemente falso:
las personas aprenden tomando cursos donde su rol consiste
en escuchar a un profesor. Demasiado optimista para ser
real. Si tu punto de partida es un paradigma equivocado,
más te vale modificarlo y rediseñar toda tu
formación para que sea coherente con la realidad:
Las personas aprenden de la experiencia.
El año pasado, una revista especializada me hacía
una entrevista relacionada con el tema de la fuga de talentos
en las empresas españolas. Las 2 primeras preguntas
estaban directamente relacionadas con el tema de la formación.
1. ¿Es útil que las empresas inviertan
en formación para sus trabajadores?
La teoría dice una cosa pero la realidad se empeña
en decir muchas veces lo contrario. Todos los directivos
saben que sus empresas dependen de las personas que trabajan
en ellas, no conozco ninguna empresa que funcione sin personas.
Si mañana los empleados de Iberia se van a trabajar
a SEAT y viceversa, es evidente que al día siguiente,
no vuela un solo avión de Iberia y no sale un solo
coche de las fábricas de SEAT aunque el resto de
factores (clientes, marca, infraestructura, tecnología,
productos, etc.) permanezcan inalterados. Pero no sólo
se trata de personas, ni siquiera de personas inteligentes
sino de personas con un conocimiento determinado. Ahora
bien, el conocimiento que tienen esas personas no es algo
obvio: no nacieron con él sino que es el resultado
de un proceso de aprendizaje de muchos años, es decir,
de mucha experiencia acumulada. ¿Cuánto de
ese conocimiento es fruto de la oferta de formación
que entrega la empresa a sus trabajadores? En palabras del
Director Comercial de uno de los principales Bancos de España:
"El 90% del aprendizaje ocurre en el puesto de trabajo".
Esto implica reconocer que la mayoría de lo supuestamente
"aprendido" en la universidad o en los cursos
ofrecidos por la empresa es prácticamente irrelevante.
El gran dilema es ¿Qué hacen las empresas
para ayudar a sus colaboradores a aprender cada día
en su puesto de trabajo? Hoy en día, casi nada. Por
eso, la mayor parte de la formación que se hace es
inútil, es una inversión dilapidada que no
tiene apenas impacto sobre los resultados de negocio, lo
que lleva a ser considerada por casi toda la organización
como "un gasto inútil" ó "una
pérdida de tiempo". Sin embargo, una empresa
que no aprende, muere y una empresa que aprender mejor y
más rápido que el resto, genera una ventaja
competitiva difícil de copiar.
2. Planteada de otra forma: ¿Es necesario que
lo hagan?
Esta pregunta genera una contra pregunta. ¿Es viable
una empresa que no forma a sus trabajadores? Hoy, la palabra
CAMBIO está en la boca de todos los directivos (cambian
los escenarios de negocios, cambian los mercados, cambian
los productos, cambia el marco jurídico, cambian
los gobiernos, etc.) y por tanto el riesgo de quedar obsoleto
es un peligro real (la información caduca, las competencias
se deprecian, etc.). Para luchar contra esa obsolescencia
no hay otro camino que APRENDER permanentemente. Lo que
resulta tremendamente deficiente es la manera en que las
empresas abordan la formación de sus trabajadores.
Esto tiene 2 grandes problemas y 2 pequeños asociados:
El primer problema grande tiene que ver con QUÉ formación
ofrece una empresa a sus empleados. Mi experiencia me indica
que demasiadas veces, les ofrecen o bien cosas que no necesitan
(lo que significa que no les ofrecen las que necesitan)
o cosas que necesitan pero no en el momento adecuado. La
detección de necesidades rara vez se realiza a partir
de los procesos de negocio que tienen un mal desempeño.
Las empresas tienden a asumir que hay problemas (falta de
liderazgo, mal servicio al cliente, desajuste en el alineamiento
estratégico, etc) que se resuelven mediante cursos
específicos sobre dichas materias. Evidentemente
el mundo no funciona de manera tan simple ni tan artificial.
El segundo problema tiene que ver con COMO las empresas
tratan de que aprendan sus trabajadores. Aquí es
donde se produce el mayor descalabro ya que asumen que las
personas aprenden escuchando y por tanto basta con colocar
a alguien que sabe más que los demás y que
apoyado en un powerpoint les explica como deberían
ser las cosas. La trampa es que si tú no practicas,
no aprendes y como los alumnos no practican nada durante
los cursos, tienen enormes problemas para recordar lo que
escuchan (o leen en el caso del e-learning) y cuando lo
recuerdan, tienen graves problemas para aplicarlo en su
puesto de trabajo.
El primer pequeño problema asociado tiene que ver
con los INDICADORES. El origen de la formación DEBE
ser un problema de negocio, no un problema de aprendizaje.
Eso significa que hay que medir el impacto que dicho problema
tiene hoy para la organización y en el caso de que
la formación sea parte de la solución, fijar
cuales serán los indicadores de salida (resultados
esperados), diseñar el programa, impartirlo y volver
a medir para comprobar si el problema de negocio permanece.
Casi nunca se realiza este proceso.
El segundo pequeño problema asociado tiene que ver
con el CONOCIMIENTO. Las empresas parecen no darse cuenta
que la mayor parte del conocimiento lo tienen en su propio
interior, los expertos están dentro de la empresa.
Es difícil llegar desde fuera a enseñar a
una empresa sobre su negocio aunque las empresas se empeñan
en contratar asesores externos con resultados frustrantes.
Lo que ocurre es que los expertos internos tienen un profundo
conocimiento pero no saben lo que saben y tampoco saben
cómo transferir lo que saben a los demás.
Eso hace que finalmente simplifiquen su conocimiento en
un powerpoint que recitan al pie de la letra cuando tienen
que impartir cursos y así volvemos a caer en el segundo
problema.
La Educación promete prepararte para vivir y, más
concretamente, para trabajar. La Capacitación promete
mejorar los resultados de la empresa y hacer a las personas
más competentes. ¿Cuánto tiempo va
a durar este trastorno de personalidad que promete futuros
que luego no puede lograr? ¿Cuántas más
promesas incumplidas nos esperan? Mientras no cambien algunas
cosas, parece que va para largo.
El evento www.expoelearning.com
que se celebra en Barcelona el 19 y 20 de marzo abordará
estos aspectos relacionados con el impacto del e-learning
y la formación en las empresas. |
| "Los dioses nos
dan muchas sorpresas: lo esperado no se cumple y a lo inesperado
un Dios abre la puerta". Eurípides.
Me "aprovecharé" del excelente título
que Felipe González, ex Jefe del Gobierno
español, diera a un no tan buen libro para titular
este artículo. La crisis mundial por la que estamos
atravesando está dejando en evidencia que el mundo
en el que emprendemos, trabajamos, cogitamos, lloramos,
reímos, en definitiva, vivimos es un mundo que poco
tiene que ver con aquel que a nuestros padres y abuelos
les tocó vivir. Muchas son las razones que hacen
la diferencia. Sin embargo, me interesa especialmente destacar
una: la falibilidad del futuro. Hoy más que nunca
el porvenir no se deja atrapar en una realidad prefabricada
de él. Las posibilidades de predecir lo que va a
acontecer se hacen en el momento actual más difusas
y falibles. No quiero decir que el "futuro del pasado"
fuera predecible en un grado importante, pero si que era
posible identificar ciertas variables o factores que tendían
a repetirse con cierta constancia y desde allí podíamos
dibujar mundos futuros que cabalaban pareciéndose
a los presentes. Hoy esa propiedad es bastante más
remota. Y no tanto por la perdida de esa capacidad humana,
más bien, desde mi punto de vista, el entorno se
ha hecho mas inasible como consecuencia de la potenciación
de otras capacidades humanas que se han desplegado a partir
de la emergencia de las nuevas tecnologías de la
información y comunicación. Escapa a los límites
de lo que quiero aquí tratar el análisis del
impacto de las TICs en la economía y sociedad, sin
embargo solo quiero señalar que en la última
década del siglo XX se fue extendiendo la percepción
entre empresarios, políticos, científicos
sociales, líderes comunitarios, militantes de base,
historiadores de la cultura y hombre y mujeres de toda clase
y condición, de que surgía un nuevo mundo,
un mundo caracterizado por nuevas tecnologías, nuevas
estructuras sociales, una nueva economía y una nueva
cultura. Este nuevo mundo ha traído consigo interdependencia,
complejidad y turbulencia. Todo parece conectado con todo,
lo que aquí ocurre tiene consecuencia inmediatas
en otras latitudes, el cambio se acelera, y las constantes
dejan de ser fijezas. En palabras del extraordinario poeta
Octavio Paz "la fijeza es siempre momentánea".
Con ello el futuro es siempre móvil, se hace inasible.
El cambio fluye constantemente, diría Heráclito.
Las empresas, organizaciones y personas hoy tenemos que
movernos en un escenario que incluso para el mismo Arquímedes
sería desasosegante: "dadme un punto de apoyo
y moveré el mundo". Y en este mundo cambiante,
el punto de apoyo que reclamaba el Siracusano debe ser un
apoyo móvil, dado que la fijeza ya no existe como
punto relevante. La incertidumbre, por consiguiente, es
el rasgo más distintivo del entorno en el que nos
toca movernos. La pregunta que me surge inmediatamente es
estamos preparados para vivir en la incertidumbre. Todo
parece indicar que no. Por el contrario, hemos sido educados
para movernos en mares de certezas. Gary Hamel, ya
lo citada en un artículo anterior, advertía
que las escuelas de administración entregaron a los
gerentes mapas cognitivos y herramientas para moverse en
un mundo donde lo fijo, las certezas eran duraderas e incuestionables.
Esas ideas e instrumentos no nos sirven para capitanear
las empresas y organizaciones del futuro.
Lo que propongo, en un ejercicio de cierta osadía,
es plantear a modo de reflexión inicial, cuáles
son los atributos que tenemos que desarrollar para navegar
por la incertidumbre.
1. Un nuevo mapa mental: lo primero, que cae de
maduro por obvio, es entender al mundo de otra manera. La
metáfora que veía el mundo como una máquina
bien engrasada, compuesta por partes que funcionaban como
mecanismos de relojería, basada en una dinámica
de repetición eterna, ya no da cuenta de la comprensión
del mundo de hoy. Esa visión no permite el cambio
cualitativo y todo modelo construido desde ese lugar, solo
busca excusas para los cambios, en lugar de entenderlos.
La estabilidad es su sanctum sanctorium, por lo que cualquier
cambio que se da en la naturaleza de las cosas se contempla
como una interferencia desagradable. La metáfora
que mejor explica la visión del mundo de hoy es la
del organismo vivo, tal como nos lo han venido diciendo
E. Morin y F. Capra, entre otros. La naturaleza
muestra un nivel de complejidad, variación y especialización
en constante crecimiento. El cambio y la emergencia forman
parte de su código genético. Esta visión
incorpora el cambio y la incertidumbre como elementos constitutivos
de su ser.
2. Usar el conocimiento
Este ha sido un recurso, también un método,
pero no muy pocas veces se ha constituido en una estrategia
para las organizaciones. Todas las empresas son generadoras
de conocimiento, el que indiscutiblemente puede constituirse
es un factor de éxito en el mercado y de mejoramiento
de la productividad. Zara, Google, British Petroleum, Oxfam
son algunos ejemplos de organizaciones que utilizan el conocimiento
organizacional como factor de crecimiento de su negocio.
El capital intelectual de las personas debe alinearse con
la estrategia de negocio. Asimismo, como nunca antes las
empresas pueden reducir la incertidumbre auscultando las
necesidades de sus clientes y explorando la emergencia de
nuevos. Ello requiere de Unidades de Inteligencia que estén
constantemente explorando lo que está pasando en
el entorno: clientes, proveedores, competencia, aliados.
El conocimiento, dice Edgar Morin, es navegar por
archipiélagos de certezas en un océano de
incertidumbre.
3. Más estrategia menos programa
El futuro ya no se puede planificar. Quien lo intente tendrá
planes que representan realidades distintas a la que les
toca vivir. La estrategia debe prevalecer sobre el programa.
El programa establece una secuencia de acciones que deben
ser ejecutadas sin variación en un entorno estable;
pero en cuanto haya una variación de las condiciones
externas, el programa se bloquea. La estrategia, por el
contrario, elabora un guión de acción examinando
las certezas y las incertidumbres de la situación,
de las probabilidades e improbabilidades. Y ese guión
debe y puede modificarse según as información
recogida, el azar, las oportunidades con que se tropiece.
4. Liderazgo transformador y facilitador
Enfrentar la incertidumbre requiere de una organización
abierta a su entorno para aprovechar las oportunidades que
éste le provee. La emergencia de novedad debe ser
facilitada por el ejercicio de un liderazgo que cree las
condiciones para que ello ocurra más que fijar direcciones.
Esto significa crear una visión, significa ir hacia
donde nadie ha ido antes, significa capacitar a la comunidad
de trabajo para crear algo nuevo. Facilitar la emergencia
equivale, en consecuencia, a facilitar la creatividad. Ello
supone que quien ejerza el liderazgo cree las condiciones
para crear y mantener redes de comunicaciones que permita
que la organización se conecte mejor con ella misma
a través de significados. Peter Senge señalaba
que las empresas son comunidades de propósito aglutinadas
en torno a un sentido y significado.
5. Confiar en las personas
En la visión maquinal del mundo, las organizaciones
de dividían, en términos muy gruesos, entre
quienes pensaban y los que ejecutaban las decisiones de
aquellos. En las organizaciones que se mueven en la incertidumbre
la personas que las integran son su capital de salvamento.
No son un engranaje que cumple una función específica
y que pueden ser fácilmente cambiables. Las personas
son los depositarios de una parte importante del capital
intelectual de la organización: su conocimiento.
6. Nuevos diseños organizacionales
Las estructuras de las empresas del viejo paradigma fueron
diseñadas siguiendo el modelo mecanisista, en el
cual predominó la jerarquización, la verticalidad,
la especialización, la compartimentalización
del conocimiento, y el patrón de comando y control
para garantizar el funcionamiento del sistema. Los diseños
para la incertidumbre demandan agilidad, flexibilidad, poder
distribuido, adaptabilidad, entre otras características.
Una organización de esas características debe
permitir el cambio, abrir las puertas a la emergencia, canalizar
el conflicto (crisis) en vez de extirparlo, potenciar la
creatividad de las personas. Con ello las organizaciones
ganan en capacidad de aprendizaje. Las comunidades de práctica
(CoPs), que se están se están convirtiendo
7. Pensamiento abductivo
Afrontar lo inesperado, lo incierto, requiere no solo de
una exigente preparación estructural, competencial,
y, al fin, premunirse de buenas herramientas predictivas.
Se requiere de una nueva forma de abordar los problemas.
Normalmente les miramos con el mismo arsenal de conceptos,
metodologías y recursos. La lógica abductiva
es una forma de pensamiento que da una mirada a los problemas
sin las ataduras de la lógica lineal, generando nuevas
ideas y soluciones ante los desafíos emergentes.
Hay quienes, por otro lado, hablan del pensamiento lateral
(De Bono) o disruptivo como metodologías para
abordar las situaciones que emergen del nuevo mundo que
vivimos.
8. Creatividad
El aprendizaje, cambio y desarrollo son inherentes a todo
sistema vivo. ¿Cómo se manifiestan estos procesos
en las redes de una organización?. Desde mi punto
de vista, la vitalidad de una organización reside
en su capacidad creativa, que es la que movilizará
a la sazón estos procesos. La creatividad vendría
a ser como el nutriente de las redes dentro de la organización.
Así como, por otro lado, un mecanismo para la adaptaciones
ante las dinámicas del entorno. Sin embargo, esta
capacidad sólo se potenciará en la medida
que la propia organización cree las condiciones para
que surja. Por otro lado, la creatividad es la que permite
que ocurra la innovación. La reverberación
de ideas a partir de la generación de espacios y
confianzas que permitan su manifestación debería
tornarse en una práctica recurrente en la organización
del futuro.
9. La ecología de la acción
Para enfrentar la incertidumbre se ha tener en cuenta la
propia complejidad de lo que hacemos y decidimos en la medida
que somos concientes que generamos impactos y que éstos
se nos devuelven en nuevas perturbaciones a nuestra propia
organización. Esto supone tener el cuenta el riesgo,
azar, iniciativa, decisión, lo inesperado, lo imprevisto,
una conciencia de desviaciones y transformaciones posibles.
No somos inocuos en las decisiones que tomamos y las acciones
que emprendemos, así como tampoco somos asépticos
a las de otros. La recursividad está cada vez mas
presente en las acciones humanas, las que forman parte de
una trama entretejida de acciones y comunicaciones que terminan
incidiendo en todo lo que hacemos y dejamos de hacer.
10. Observar la naturaleza
Como última reflexión quisiera terminar con
la idea que inicie este decálogo: la nueva visión
del mundo basada en la metáfora del organismo vivo.
Ello supone, como diría Fritjof Capra, aprender
de la vida. Cuanto más comprendamos del funcionamiento
de los sistemas vivos, más lecciones podremos aprender
para aplicarlas a las organizaciones. Así como la
ciencia y la arquitectura obtienen aprendizajes desde la
naturaleza para aplicarlos a sus propios campos de saber,
la gestión empresarial debería explorar ese
yacimiento natural para generar sus propias lecciones. Eduard
Punset en su libro Adaptarse a la Marea hace un excelente
recopilatorio de estas lecciones. En este brevísimo
texto solo me atreve a considerar una: la visión
mecanicista se fundó en el control de la organización
para la consecución de su propósito. La naturaleza
nos enseña que los sistemas vivos no pueden ser controlados,
sino perturbados, lo que significa que las organizaciones
más que controladas pueden ser influenciadas dándoles
impulsos, mas que instrucciones. Una organización
que funciona como sistema vivo gasta mucho menos energía,
ya que las perturbaciones significativas captarán
la atención de la organización y desencadenarán
cambios estructurales.
Las organizaciones tienen necesidad de orden y de desorden.
En un universo de orden puro no habría innovación.
Del mismo modo, no habría existencia posible en el
puro desorden. Por ello es vital para una organización
desarrollar la capacidad adaptativa en un entorno de alta
incertidumbre, donde no hay estabilidad fija, sino dinámica,
donde no hay un punto de estabilidad, sino muchos. No existe
una receta única para manejarse en la incertidumbre,
para explorar los tránsitos sucesivos entre orden
y desorden. Lo que aquí he intentado compartir son
algunas reflexiones acerca de aquellos elementos que según
creo debería ostentar una organización capaz
de navegar en los océanos de incertidumbre a través
de aquellos archipiélagos de certezas que sea capaz
de crear. Se me ocurre, por último, que la lucha
contra la incertidumbre está en la innovación
permanente y sistemática, dicho de otra forma, en
la aptitud del conjunto de la organización de reinventarse
y reorganizarse para hacer frente a los procesos de desintegración. |